Opinión

Finanzas y la politiquería

De los funcionarios, la sociedad espera que el marco de su gestión se circunscriba –tal como lo juran al tomar posesión del cargo– en cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes. Tan solo eso.

Sin embargo, muchos de los que llegan a cargos públicos se empalagan con el poder que los lleva a los abusos y con el tiempo, cuando está cerca el período electoral, asumen roles de activistas políticos que dañan no solo la gestión pública sino que atizan más el nivel de confrontación social.

Este es el caso, lamentablemente, del secretario de Estado en los Despachos de Finanzas, Héctor Guillén, quien con sus últimas actuaciones se ve retratado más como un activista que como un técnico a cargo del manejo de los fondos de un país en crisis.

El ministro de Finanzas, más en un país pobre y en crisis como el nuestro, debe tener su mirada en la correcta utilización de los recursos del

Estado, en el cumplimiento del Presupuesto Nacional. Debe actuar de forma absolutamente técnica, profesional y alejarse de ese mundo de la politiquería, sobre todo aquella demagógica que pone en riesgo las propias finanzas públicas.

El ministro de Finanzas debe más bien concentrarse en su rol del correcto manejo de las finanzas públicas y en velar porque las variables macroeconómicas estén ajustadas al desempeño de la economía, precisamente evitando el despilfarro y el uso sectario y demagógico de los escuálidos fondos públicos.

La credibilidad es clave y fundamental, porque un funcionario de esta naturaleza lleva la negociación con los organismos financieros internacionales.

Su seriedad es esencial en este marco. No podemos tener un ministro de Finanzas que ande jugando al cálculo político o que aparezca como un vocero de una corriente política. Ya suficientes politiqueros tenemos en Honduras como para incluir entre ellos al ministro de Finanzas.

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