Opinión

Endeudados de nuevo

La condonación de la deuda que la comunidad internacional otorgó a Honduras fue la conclusión de un largo y penoso camino. Incluyó demostrar a las autoridades de los gobiernos amigos e instituciones internacionales que a raíz de los desastres ocasionados por el huracán Mitch, el país no podía hacer frente a los compromisos internacionales de financiamiento que había incurrido en años anteriores.

Proceso largo porque tomó años y la incorporación de muchos individuos nacionales y extranjeros que trabajaron para lograr ese objetivo. Penoso, porque como sociedad debería darnos vergüenza y no satisfacción, reconocer que éramos incapaces de pagar lo que otros nos habían prestado, no regalado, en la confianza que somos un país serio que honramos nuestros compromisos libre y legalmente contraídos.

Cómo olvidar que detrás de esos préstamos condonados hay personas que han ahorrado o pagado impuestos en sus respectivos países y que nosotros por decisión de sus gobiernos nos beneficiaremos de su trabajo, tesón y esfuerzo.

El huracán Mitch fue instrumental para que nos beneficiáramos de la facilidad otorgada a Países Pobres Altamente Endeudados conocido como HIPC por sus siglas en inglés, ya que sin la destrucción que causó y la convincente evaluación de daños presentada, Honduras no calificaba, por su nivel de ingresos, para ese beneficio extraordinario visualizado para los países pobres por no decir en miseria. Fue un gesto sin precedentes. Nos permitieron no pagar lo que en gran medida habíamos malgastado.

La condicionalidad relevante fue que preparáramos una Estrategia para la Reducción de la Pobreza que serviría de marco dentro del cual se utilizarían los equivalentes en lempiras de los dólares que ya no teníamos que pagar a los acreedores externos.

La meta era que con esos recursos y otros complementarios, se lograría reducir la pobreza en el país. Sin embargo, el resultado ha sido decepcionante.

Los más pobres son más pobres que nunca con el quintil más bajo de la población (20%) recibiendo solo el 2% del ingreso nacional. Premeditación, ineptitud, corrupción, u otros, son solo adjetivos calificativos que podrán explicar lo sucedido. Se desaprovechó una oportunidad única, quizá, irrepetible, porque no solo se perdió la oportunidad del cambio que no se dio, sino que también la buena voluntad de países que, como Suecia, colaboraron con nosotros.

Ellos creyeron y apostaron en Honduras y les fallamos. Construyeron obras, nos aconsejaron y al final, convencidos que no habíamos cambiado, desistieron y mejor se fueron.

Lo peor es que no se aprendió la lección. Nuevamente se sigue endeudando el país para mantener un nivel de gasto improductivo e insostenible.

A menos de una década de la condonación ya hay quienes sugieren un rescate financiero internacional que nos salve del hoyo fiscal en que nos han metido los últimos gobiernos: la deuda externa sigue creciendo aceleradamente.

Según datos obtenidos de US$ 2,322.9 millones en el año 2008 subió a US$ 3,955 millones en el 2011; más preocupante aún, la deuda interna que en el año 2007 era de L 6,508 millones, saltó a L 12,802 millones en el 2008 y luego a L 22,988 millones en el 2009, alcanzando L 48,080 millones en el 2011.

Este año seguramente terminaremos con una deuda interna arriba de los L 60,000 millones de lempiras. La política fiscal urge de un giro de timón y los problemas fiscales, por su magnitud, no podrán solucionarse vía políticas monetarias sin que genere un descontento social generalizado y peligroso.

Dicen que de las crisis surgen oportunidades, hay que ser optimistas y confiar en que de la actual, surgirá una, que a diferencia de las anteriores, beneficie a la generalidad del pueblo hondureño.

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