La alarmante destrucción del bosque de mangles en el Golfo de Fonseca fue expuesta una vez más por EL HERALDO, en una publicación que alerta de la amenaza que se cierne sobre la biodiversidad de esta región, que tanto ha maravillado a propios y extraños.
De hecho, el golfo fue ubicado hace 16 años en el puntaje más alto de importancia de humedales a nivel internacional al contar con uno de los ecosistemas más completos.
Sin embargo, el área de las siete especies diferentes de mangle que tiene el Golfo pasó de 69,711 hectáreas en 1999 a 33,205 en la actualidad, mientras que la superficie dedicada al cultivo del camarón, una de las causas de esta destrucción, ha pasado de 638 hectáreas en 1986 a 9,640 en 2011.
Mientras que en una evaluación realizada de 1980 a 2005, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señaló a Honduras entre los países con las pérdidas más grandes en los ecosistemas de manglar.
No solo el turismo se ve impactado, sino también el sustento de los lugareños que se dedican a la pesca ya que disminuyen las especies cuyo ciclo de vida está asociado a los humedales, y el abastecimiento de agua dulce ya que el manglar constituye una barrera natural contra la salinización provocada por la proximidad del mar, además de proteger el área costera del viento, los ciclones y la erosión.
Si bien el camarón cultivado fue el cuarto rubro de exportación en 2015, según datos del Banco Central, y genera alrededor de 30,000 empleos directos y 100,000 indirectos, a la larga las consecuencias de la tala del bosque salado serán mayores a los beneficios obtenidos hasta ahora.
“Los países deben comprometerse a una conservación más eficaz y la gestión sostenible de los manglares y otros ecosistemas húmedos”, señala la FAO.
Ese es el reto que tiene el gobierno, definir y poner en práctica una estrategia de Estado para lograr un equilibrio entre la explotación y el cuidado de estos recursos que hoy por hoy se encuentran bajo amenaza