La tormenta tropical Eta ha dejado a su paso centenares de historias de miles de personas que en medio de la aflicción por las inundaciones, los derrumbes y otras situaciones de riesgo que se vivieron a nivel nacional, expusieron sus propias vidas para salvar las de otras personas.
Son historias que muestran el lado bueno de los hondureños que en medio de la adversidad nunca dejan de tender su mano solidaria a quienes más lo necesitan.
Resaltan entre esas historias la de José Mario Alemán Gómez, un joven de 20 años, miembro voluntario del Cuerpo de Bomberos en el departamento de Santa Bárbara, uno de los más golpeados por la tormenta.
Una foto en la que se ve a José Mario rescatando a una niña de las embravecidas aguas del río Cececapa a su paso por el barrio El Junquillo se volvió viral.
José Mario forma parte de ese contingente de miles de jóvenes que en el país no cuentan con una oportunidad para estudiar o para optar a un trabajo que les permita vivir con dignidad.
A sus 20 años, él sueña con ser parte del Cuerpo de Bomberos, al que sirve desde la edad de 13 años de manera voluntaria, y a cuya plaza no ha podido tener acceso por la falta de presupuesto de la institución benemérita, y estudiar ingeniería civil en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), pero sus condiciones económicas le impiden, por ahora, hacerlo.
La tormenta ha sacado a luz la realidad de José Mario y evidenciado una vez más la necesidad de que el Estado vuelva sus ojos a este problema y estructure programas de apoyo para este importante segmento de la población.
Las oportunidades de educación y empleo para los niños y los jóvenes deben ser parte de ese plan de reconstrucción que demandan los diversos sectores de la sociedad.
No hay que dar largas a estas demandas que orillan a muchos jóvenes a huir de la patria que les vio nacer e ir en busca de sus sueños a otros países