Columnistas

Celebrar esta fecha en Honduras ha sido una encrucijada de protestas encarnadas en la decencia por los derechos laborales. Han pasado 65 años de aquella huelga bananera que marcó un antes y un después en las relaciones obrero-patronal, alcanzando la conquista de muchos derechos como la jornada de ocho horas diarias, horas extras, vacaciones, derecho a la maternidad, cesantía y el derecho a sindicalizarse, entre otras. En esa etapa estalló la voz de más de 30 mil obreros enervados por los maltratos y abusos. En 1954 la presión sobre el gobierno fue el tapón del pomo que detonó dando inicio a la fuerza sindical y gremialista en la historia de las compañías bananeras de Tela Rail Road Company y la Standard Fruit Company que tenían un poderío económico e influencia en la vida de los hondureños. En el gobierno de Juan Manuel Gálvez se creó la Dirección General del Trabajo y se estableció la jornada de ocho horas diarias y el pago de horas extras, eso aplacó un poco la agitación revolucionaria que daba pie en aquel tiempo. En el marco del Día Internacional del Trabajo, en la zona norte de La Lima, Tela y Puerto Cortés hubo grandes marchas de asalariados que reclamaban el pago doble de su salario porque habían trabajado durante esa Semana Santa. Ese instante se armaron de valor y demandaron mejores condiciones. En esa época, se abrió el vínculo entre trabajadores y la empresa, ese fue el mayor evento reivindicativo que ha existido hasta el momento. A través del tortuoso camino, que parte de ese lapso las cosas cambiaron, la beligerancia bajó, las disputas se dilataron y se invoca más diálogos vacíos, las negociaciones por el salario mínimo y las prebendas empezaron a provocar divisiones sindicales. La corrupción hizo huecos y creo vacíos en las centrales obreras, la falta de protagonismo, lecturas y la voluminosa carga ideológica fue apagando las rutas que movían las grandes masas. Ahora es una batalla de manifestaciones diferentes, más política y electorera, con menos conciencia cívica, como el combate contra este fenómeno que desarticula la construcción de solidaridad y del tejido moral que debería ser el eje central de todos los gobiernos y empresarios, que debemos exigir una mejor relación profesional con los obreros del país, para una inflexión de quiebre histórico actual. Además, no se puede desvincular de las recientes “bombas” que estallaron por decreto, en ese Congreso Nacional sobre las reformas de nuevas leyes que trastocan el sistema de salud y educación, ya que la anomalía democrática, la profunda fractura social y la ruptura del Estado de derecho aún siguen sin sanarse. Debido a que debemos reclamar por servicios de calidad y una buena red de protección social, por una educación de excelencia y gratuita, que es, lo mínimo que podemos aspirar. Sin embargo, nos han enturbiado la víspera de un primero de mayo con esos decretos que lesionan precisamente lo que el pueblo anhela. Es la hora del duelo por las reclamaciones democráticas, por la lucha contra la corrupción y por la pugna de la dignidad: esa es la cruzada de uno.