Columnistas

Una transformación efectiva

Generalmente los políticos que están en la oposición se caracterizan por pasar escudriñando y criticando las actuaciones del gobierno de turno. Esto no sería malo si las críticas fueran constructivas y genuinas. Pero, este tipo de actuaciones no son características únicamente de los políticos hondureños, sino que lo vemos tanto en países desarrollados como en proceso de desarrollo.

Sin embargo, como sucede en política, siempre hay cambios en la dirección del viento y a los que en un momento criticaban les llega el turno de ostentar el poder y comenzar a recibir la misma medicina que ellos recetaron a sus adversarios políticos. En todo este juego, los que salen perdiendo son los ciudadanos, porque con estas actuaciones los países no avanzan, los enfrentamientos y acusaciones son la constante y después de un tiempo, los ciudadanos, sin esperanzas de una mejoría en su condición económica y social, comienzan el éxodo hacia otros países. Como los hondureños.

El resultado es que la imagen del político en general se deteriora y se genera en la mente de la mayoría de los ciudadanos que los políticos nunca cumplen sus promesas y que solo piensan en su propio bienestar. Y desafortunadamente, este concepto es ratificado por el accionar de los gobernantes, de los diputados, de sus protegidos y otros, que arropados por el poder se olvidan de la mayoría de los ciudadanos. Abraham Lincoln, expresidente de los Estados Unidos de América, hizo popular una frase que sigue vigente: “Puedes engañar a alguien todo el tiempo, pero no puedes hacer lo mismo con todos”.

Dentro de este conglomerado tenemos otros que enamorados del poder comienzan a imitar a pseudolíderes, que llegaron ofreciendo cambios transformacionales, libertad y democracia, gobernar para los pobres, pero que al final se convierten a imagen y semejanza de aquellos a los que combatieron, asumiendo posiciones tiránicas y dictatoriales.

En Honduras, el nuevo gobierno -ya transcurridos casi tres meses de ostentar el poder- todavía no ha presentado formalmente sus proyectos y programas, planes de trabajo y resultados esperados. Se ha aprobado una reformulación del presupuesto 2022, que para sorpresa de muchos contiene un millonario incremento, financiado principalmente por deuda de largo plazo, con sus riesgos implícitos. Adicionalmente, en el Congreso Nacional se esta tratando de aprobar una nueva versión de un fondo departamental, que en el pasado sirvió como vehículo para la corrupción. ¿Más de lo mismo?

El mundo está pasando por momentos difíciles y Honduras no es la excepción. El país tiene presiones inflacionarias que pueden ser exacerbadas por un alto déficit fiscal financiado con recursos del Banco Central y un aparato estatal que en vez de reducirse en su tamaño, engordará aún más con siete nuevas secretarías de Estado y otras instituciones.

El país necesita atraer más inversión privada, promover la generación de empleos productivos, fortalecer la institucionalidad, combatir eficazmente la corrupción sin excepciones y que el gobierno utilice los recursos públicos para beneficiar a las grandes mayorías pobres de nuestro país. Los hondureños debemos unirnos, cooperar para lograr los objetivos de desarrollo y estar listos para reclamar, si es necesario.