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La Maccih debe continuar. No quisimos que viniera, no queríamos que tuviera que quedarse. Al inicio no hubo alternativa que pedir a extranjeros que vinieran a ayudarnos a transparentar nuestra impartición de justicia. Como lo han venido haciendo aquí, lejos de acabar con la impunidad la ha fomentado. Y la corrupción en vez de reducirse se potencia. Es pequeño el porcentaje de recursos hurtados, el que representan las personas imputadas. ¿Y si no estuviera la Maccih? Se dice que varios servidores públicos no se ven disuadidos para replicar esas prácticas delictivas. Se tuvo que obligar a los dirigentes y demandar el apoyo internacional para dar un hálito de esperanza a esta lucha. Sabemos que hay sobrada capacidad y determinación en operadores de justicia para perseguir el delito, pero es que el muro enraizado enfrente de la justicia sería infranqueable sino estuviera la Maccih. Cierto que el fiscal Luis Santos y su equipo pueden hacerlo eficientemente solos. No necesitan asesoría para aplicar las leyes que tienen tan interiorizadas. Que, en efecto, hacen todo y más, a su alcance, pero el que les permiten los poderes reales y fácticos. Persisten en lo que otros hace tiempo hubieran cejado. Ellos como muchos se desempeñan entendiendo que lo hacen lo mejor posible y a cualquier riego porque es el servicio que tienen la oportunidad de dar a nuestro país. Y la aprovechan. Pero están solos. Y se necesitan mas Santos. Mucho iluminan las antorchas, pero no pueden alumbrar todo el día. Bien conocemos del desamparo cotidiano de los fiscales y jueces. Y se les exige tanto y dan tanto. La Maccih les da visibilidad y les es también una forma de protección. Claro que no quisiéramos tener que depender de organizaciones foráneas para combatir los flagelos que nos agobian, pero aún no se percibe voluntad local para hacerlo. Por eso necesitamos que siga la Maccih. ¿Y por qué es que no dejan de una vez como vocera a la Dra. Calderón? Es jurista de integridad probada. ¿O es por eso?