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No es juego, no es broma

En el Bushido o “Camino del guerrero”, código de ética a los guerreros samuráis del antiguo Japón, hay un texto que reza: “En un nivel inferior, sigue siendo insatisfactorio permanecer no asustado al encontrarse frente a frente con las dificultades. En un nivel superior, es necesario enfrentarse a los problemas con coraje y júbilo…es otro modo de decir que si la marea sube, el barco sube también”. Cuántas veces hemos encontrado personas que dicen no temerle a una prueba o desafío, mostrando desdén a lo que enfrentan y confiándose de tal modo que cuando acaece un imprevisto o un reto inesperado, no saben cómo responder ante el mismo. Ocurre con frecuencia, en lo más cotidiano de nuestras vidas, en aspectos domésticos y laborales, en nuestros espacios colectivos y compartidos. Donde lo vemos más seguido es en los deportes, cuando se pierde la ventaja, un primer lugar o la posición de privilegio, bien por exceso de confianza o por haber subestimado las propias debilidades y puntos flacos. En el fragor de la batalla, puede ser fatal para el combatiente porque el miedo es un sentimiento normal que, bien controlado, favorece la cautela y mantenerse alerta. Es evidente que si los problemas arrecian o se vuelven más grandes, no queda sino encararlos y hacerlo de forma entusiasta, sin desfallecer y con gallardía, sin perder el control o, como dice el antiguo código nipón, ajustándonos a las circunstancias de navegación que sean necesarias.

Tal y como sucedió en antiguas epidemias y plagas, mucho de lo que se ha hecho o mandado a hacer con el coronavirus, como encerrarse en casa, evitar el contacto físico, practicar distancia social, usar tapabocas y limpiarse bien las manos, atender las indicaciones de salud pública, entre otras, tuvo los efectos esperados en prevenir que la enfermedad se propagara y eventualmente se controlara. Antes que los grupos humanos alcanzaran la “inmunidad de manada” por efecto del contagio y curación individual de sus diversos integrantes, muchos fallecieron por desconocer el origen y la transmisión de la enfermedad, o porque aun sabiéndolo, se infectaron por circunstancias fuera de su control. Sin embargo, hay quienes perdieron la vida por creer que a ellos no les ocurriría nada, bien por confiar en su “buena suerte” y en su magnífico estado de salud, o porque “nunca se rajaron ante nada ni nadie” y no había razón para atender las razones de las autoridades, sean cuales fueran. Estos últimos, irredentos y “sin miedo”, son aquellos a los cuales el Bushido se refiere como ubicados en un nivel inferior. Estos no sirven para enfrentar la pandemia y serán parte importante de nuestras bajas.

En algunos meses, cuando hagamos recuento de lo ocurrido, identificaremos bien quiénes jugaron o se tomaron a broma su propia vida y la de los demás, en todos los flancos