Columnistas

Me acomodo en un día cualquiera en mi sofá, no sin algún remordimiento, para ver los noticieros. Lo del remordimiento viene de la relativa calma con la que vivo en medio de tanto caos. El despertar del pensamiento es igual a perder la paz para siempre. Mi voz interior me dice que me calme, que soy limitado y no tengo demasiado en mis manos.

Antes de que comience el noticiero me he preparado psicológicamente o al menos creo, tal vez sea otra cosa como resignación y yo la llamo así. Lo que sea creo que me ayuda a amortiguar el golpe moral que significan las entradas de las noticias. Guardo la esperanza de que por esa vez sea distinto, pero “una mujer fue hallada…”.

Dejo de escuchar la noticia y me pierdo en las divagaciones, en las reflexiones de las cuales soy víctima mientras unas crudas imágenes pasan inadvertidas frente a mis ojos. Me descubro de nuevo pensando. Tal vez en la familia de esa muchacha, tal vez en el crimen, tal vez en una solución lejana.

Cambio de pantalla. Ahora un smartphone ilumina mi, ya para entonces, desencajado rostro. Leo un par de publicaciones que me distraen, veo unos videos también. Uno de ellos está lleno de comentarios sobre el feminismo. Unos a favor, otros en contra, lo normal. Eso sí, ambos desviados del verdadero tema. Me pregunto si lo que leo en la caja de comentarios es lo que piensa la mayoría de las personas o si al menos es lo que piensan los que están comentando. Reflexiono de nuevo, no es mi culpa.

Llega la hora de dormir y pienso un rato en las noticias, no sé por qué, pero de manera especial en la noticia de la chica, sí, la que fue hallada. Pienso también en las manos criminales. La nota da la información más elemental, que alguien con un arma acabó con su vida. No hay más. Pienso que esa persona tal vez cuando era un menor también estuvo en una celebración del Día del Niño, tal vez un día estuvo en un cumpleaños cantando “Happy Birthday” con rostro inocente, o tal vez no. No lo sabremos tal vez nunca. Concluyo el día simplemente pensando que no debería pasar, nada de esto debería estar pasando, ni aquí, ni en Juárez ni en ningún lugar del mundo.

Al día siguiente voy y si tengo suerte tengo la oportunidad de platicarle a alguien de estos temas del país. No a todos les gusta hablar de ello o al menos eso me hacen suponer. Con algunos otros mejor no lo hablo porque la ideología y la política crispan a las personas. Después del hablar del tema, de comentar algunas noticias simplemente me digo que lo que he dicho de nada va a servir, no digo siquiera que poco. Nada.

Vuelvo al sofá, así son los días: cíclicos, por llamarlos de una manera decente. Me preparo y tengo la esperanza de que los noticieros no me digan hoy lo mismo. No es así y yo lo sabía. Me preparo psicológicamente y escucho nada más porque tengo la mirada en otro sitio: “una mujer fue hallada…”.

Pienso que los nombres de las mujeres y los hondureños en general no deberían estar ocupando las entradas de la nota roja, sino historias de éxito. Recuerdo aquella vez en la que un noticiero de un país vecino mostró a dos mujeres tironeándose del pelo en una pelea por un hombre, y aunque un hecho así no es noticia y es bastante ridículo, pensé aquella vez que transmitían eso simplemente porque no tenían crímenes que contar. Preferiría eso a tener que preparar mi cerebro diariamente para poder ver los noticieros.