Uno de mis estudiantes me pregunta si alguna vez escuché canciones como “Salió el sol”, de Don Omar; “Noche de sexo”, de Wisin & Yandel; o “Impacto”, de Daddy Yankee. Se sorprende cuando le digo desconocer esas canciones de reguetón.
Me bastan los títulos para darme cuenta que no sintonizaré con ese estilo de música.
Sin embargo, para tener elementos y entablar una conversación futura, busco en Internet la letra de la canción de Maluma: «Cuatro babys»: “Ya no sé que hacer/No sé con cuál quedarme/Todas saben en la cama maltratarme/Me tienen bien, de sexo me tienen bien/Estoy enamorado de cuatro babys/Siempre me dan lo que quiero/Chingan cuando yo les digo/Ninguna me pone pero/Dos son casadas/Hay una soltera/La otra medio psycho y si no la llamo se desespera/Estoy enamorado de cuatro babys…”
Coincidirán conmigo en que la letra es bastante desagradable. Su carácter vulgar y denigrante hacia la mujer me hizo dudar de publicar ese contenido. Pero, al mismo tiempo pensé que tal vez otros compartan mi desinformación culpable sobre este tema.
Basta hacer un rápido recorrido sobre las principales canciones e intérpretes para darse cuenta que este género musical habla de forma tergiversada sobre contenidos sexuales, sobre droga y menosprecia a la mujer hasta tal punto de tratarla como esclava de sus instintos y un objeto sexual.
Algunos de los jóvenes con los que conversé el asunto dicen procurar pasar por alto los contenidos sexuales de las letras. Sin embargo, esto no quiere decir que no se vean influenciados por estas ideas que a fuerza de repetición instalan una visión distorsionada de
la sexualidad.
No me cabe duda que son influenciados no solo por los contenidos sino también por los bailes sensuales y por supuesto por la personalidad de sus cantantes.
De esta forma, el reguetón, el trap y el “perreo” influyen en su conducta, promoviendo ciertos valores que luego conforman su identidad.
Todo puede ser convertido en una ocasión de dar formación. Siempre que exista cercanía con los jóvenes.
Sería interesante que se animara a hablar con ellos sobre la música que escuchan. Se tratara de hacerles comprender, de forma razonable, que antes de cantar canciones como “Felices los 4”, “cuatro babys” o “Mayores”, ponga atención a la letra y al mensaje.
El ritmo puede ser contagioso, pero sintonizar con estos contenidos es sin duda denigrante y nos rebaja como personas.
No es lógico que tomemos como normal o algo irrelevante la influencia de esta música en los adolescentes.
Como padres y educadores tenemos el deber de fomentar los valores positivos y llamar las cosas por su nombre.
Personalmente no veo, ni en el reguetón ni en el trap, mensajes positivos que
convenga promover.