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La descentralización educativa en Honduras

Hay conceptos que con el tiempo se ponen –o se imponen- como verdades de moda. Como tales van siendo asimilados por la sociedad sin reflexionar sobre el contenido y los alcances de los mismos. El tema de la descentralización de la educación aparece como uno de los principales conceptos de moda. Aparece también como la solución a la mayoría de los males que aquejan a nuestro viejo sistema educativo. La descentralización educativa ha formado parte de la agenda educativa como una de las principales recetas que marcan el rumbo de las reformas educativas contemporáneas. Sin embargo, hay una cuestión que tanto la experiencia como la teoría nos han mostrado: en educación las recetas cada vez tienen menos sentido y validez.

Pareciera que la región latinoamericana está viviendo una agenda educativa llena de temas que carecen de un fundamento y razón pedagógica.

Como sostuvo en diversas ocasiones Juan Carlos Tedesco (2010, 2012, 2014), en la actualidad, la agenda educativa está llena de soluciones para problemas que no existen y sin soluciones para los problemas que efectivamente existen.

Diversos estudiosos del tema han sostenido que el fenómeno de la descentralización es algo relativo y situado. Hoy vemos países que tienen sistemas educativos descentralizados y otros que están centralizados. Vemos países que fracasan por estar descentralizados y otros que lo hacen por estar centralizados. Ni una ni otra se presentan como solución. Las tres últimas décadas han marcado una fuerte oleada de procesos descentralizadores en sus sistemas educativos. Su actualidad como tema de agenda deviene de la crisis tanto del Estado de bienestar como del modelo democrático representativo. Su complejidad está condicionada por los diversos aspectos que abarca el fenómeno.

La descentralización educativa aparece como uno de los temas obligados en cada una de dichas reformas. Aun así, no existe una receta, no existe un modelo único y válido para todos los países. Por ello, se pueden encontrar diversos modelos que ponen énfasis en uno u otro de los tópicos que abarca el complejo fenómeno de la descentralización educativa.

En el contexto hondureño, el proceso de descentralización educativa se vuelve complejo por la presencia de diversas lógicas tanto políticas como pedagógicas.

Dentro de otros aspectos, hay cuatro que se hace necesario analizar: a) en primer lugar están las razones de tipo democrático. Se trata de la estructuración de un nuevo modelo democrático en la región. Este basa su razón de ser en abrir una mayor participación a la comunidad, en legitimar las decisiones de política educativa, en generar espacios de voz a los actores que tradicionalmente no han tenido voz. Sumado a esto, se asume que, con mayores espacios democráticos, las políticas educativas tendrán un mayor impacto en mejorar la calidad y en reducir las desigualdades sociales; b) la segunda razón es de carácter económico: se asume que, con una mayor descentralización aumenta de manera significativa tanto la eficiencia como la eficacia en la ejecución de los fondos públicos. Así, la descentralización educativa se presenta como una herramienta para volver más eficiente el Estado en la provisión de servicios educativos. Este es uno de los principales argumentos del proceso descentralizador: el mejoramiento de la eficiencia en el campo educativo. Se sostiene -con abundantes argumentos- que mediante la descentralización hay un acercamiento del proceso de toma de decisiones a los actores involucrados directamente en las unidades locales; c) un tercer argumento es de tipo sociológico: se sostiene que una mayor descentralización educativa es coherente con un planteamiento democrático y participativo a la vez que facilita la adecuación de la acción educativa a los contextos sociales y culturales específicos de las comunidades en las que se desarrollan los procesos educativos; d) en cuarto lugar están los argumentos pedagógicos: los avances en la forma de concebir el conocimiento científico y el conocimiento escolar, las nuevas tendencias relacionadas con los procesos de enseñanza y de aprendizaje obligan a considerar la diversidad de los alumnos desarrollando estrategias adecuadas para atender a sus necesidades.

Se asume que la descentralización educativa contribuiría directamente a darle un nuevo significado y sentido pedagógico, tanto a la escuela como al trabajo docente. Ante esto, se hace necesario plantear algunos puntos que permitan prevenir la tentación, de pensar que con descentralizar el sistema educativo se termina buena parte de los problemas de la educación. En primer lugar, se hace necesario aclarar que la descentralización educativa no garantiza nada acerca de la estructuración clientelar que tiene la cultura política en los departamentos y municipios. El problema aquí es que la lógica del clientelismo político funciona según la cultura política de las localidades y no de la lógica de funcionamiento del Estado ni de la lógica pedagógica. En segundo lugar, la descentralización educativa no es ni buena ni mala. Sus resultados dependen directamente del contexto político social en que tenga lugar. También depende de las coyunturas y reglas de poder que participan. Por último, la experiencia nos muestra que, con la descentralización educativa, se han legitimado posturas diversas. En algunos lugares ha aumentado la calidad de la educación, ha logrado una mayor eficiencia y eficacia. En otros, ha generado mayor anarquía e ingobernabilidad, ha aumentado las desigualdades sociales y, en consecuencia, ha bajado significativamente la calidad de la educación. En los últimos años, descentralizar era sinónimo de democratizar. Se asumió que a mayor descentralización, mayor democratización. Con una mayor descentralización se alcanzaría una mayor gobernabilidad democrática. Hoy esta tesis tiene serios cuestionamientos. Es probable que en el contexto hondureño la descentralización puede pasar de ser una solución a ser un problema.