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Francisco, un papa con visión auténtica de justicia

En la medida que el papa Francisco se acerca a una explicación racional de los problemas de la humanidad, en esa medida aproxima la fe católica a otras formas de entendimiento de una realidad que cada día se vuelve más compleja y contradictoria.

No se trata de darle tareas a la religión que no tiene, esta seguirá teniendo como función principal presentar una visión que explica la realidad material que nos rodea a partir de factores inmateriales, intentando poner al ser humano en contacto con el más allá, con lo misterioso y seguirá buscando la relación del hombre con un ser superior que para los católicos es Dios. Muchos relatos de la historia moderna tuvieron en la religión; en sus primeros momentos su inspiración en principios humanistas cristianos. Ciertos líderes impulsaron una fe “razonable”, que no estuviera comprometida con la autoridad del dogma. Desde la religión y la historia bíblica se impulsaron movimientos de cambios en la vida de la sociedad. Toda vez que la fe cristiana se identificó con nobles tareas para ayudar al ser humano a entender mejor las causas de sus dificultades, la iglesia fue vista como aliada de los que más sufren en esta casa común que es el universo. Es reconfortante ver el carácter ecuménico que impulsa al papa Francisco, tratando de unir a su propia iglesia y buscando entendimiento con otras denominaciones que por años se habían mantenido distanciadas. Entendiendo, según el papa, que la unidad no es uniformidad, sino respeto por el contrario y búsqueda de los mecanismos que superen las posturas irreconciliables que paralizan la acción individual y colectiva de la sociedad. La comunidad cristiana, lo ha dicho el papa, “con su pluralidad, está llamada a no competir, sino a colaborar”, pensamiento con el cual deja sentada una posición abierta al diálogo constructivo. Sólo un líder religioso, abierto al diálogo, sin sectarismos, promotor de la convivencia pacífica del ser humano con sus semejantes y su entorno, sensible ante el dolor de millones de personas que en el mundo sufren hambre, padecen persecución a causa de sus creencias; capaz de entender que muchos de los problemas que sufre la humanidad tienen su raíz en las injustas relaciones de la sociedad misma y no en la voluntad de la divinidad, es capaz de convertirse en un verdadero pastor y anunciador de las buenas nuevas. El papa Francisco nos sorprende con sus declaraciones, en cada homilía, deja sentado ideas retadoras, como expresión de crítica hacia un pasado contemplativo y de complicidad de la Iglesia ante las causas que originan las mayores desgracias económicas y sociales que perturban la necesaria convivencia de la sociedad, es también una denuncia y toma de posición acerca de las muchas crisis por la que atravesamos hoy en día. En sus últimas declaraciones, el papa es contundente al criticar a las grandes potencias constructoras de armas, responsables de la muerte de millones de personas, mostrando compasión con los niños que mueren en guerras promovidas para lograr la venta de armas que son causantes de tantas desgracias y dolor en
muchas naciones del planeta.