l largo historial de corrupción en Honduras ya es conocido a nivel internacional, lo que provoca desconfianza de los cooperantes hacia el país. Con el paso de los fenómenos naturales Eta y Iota, la población hondureña ha recordado los fantasmas de la destrucción y muerte del huracán Mitch; pero esta vez, el mundo no ha llegado al rescate como hace 22 años. La destrucción y las necesidades de la población probablemente sean las mismas o peores a las que dejó el Mitch, pero esta vez la generosidad de la cooperación internacional no ha sido la misma, probablemente por los efectos de la pandemia del covid-19 y porque han identificado que la corrupción política es algo que se ha institucionalizado y, por lo tanto, se frena el entusiasmo de las naciones por ayudar. Los indicadores de transparencia, corrupción y percepción del país son algo que está a la vista y que no ocupa anteojos, y la comunidad internacional lo sabe. No esperemos receptividad, sabiendo que hemos reprobado nuevamente para el 2021 la evaluación para acceder a los fondos de la Cuenta del Milenio, debido a que no logramos superar diez de los veinte indicadores evaluados, en donde aparecemos aplazados en el control de la corrupción y efectividad del gobierno.
Probablemente, dirán algunos, que esta evaluación no es vinculante para otros organismos multilaterales, pero son indicadores que están ahí y que probablemente le sirven a los tomadores de decisiones a la hora de aprobar fondos de cooperación para Honduras. Sabemos que Eta y Iota destruyeron la infraestructura productiva, y que adicionalmente afectaron la vida de millones de hondureños. También sabemos que Honduras está necesitada de recursos, no solo por la vía de donación, sino también por la vía del crédito blando de los organismos multilaterales, pero la imagen que hemos estado dando durante estos últimos 15 años no es nada halagadora. No esperemos, con los indicadores que tenemos, que la comunidad internacional se sensibilice y entregue fondos para que sean invertidos y administrados de buena fe, tal y como ocurre con los fondos nacionales durante la pandemia. Los cooperantes quieren una garantía que su dinero no será mal usado ni robado.
No basta con la integración de gabinetes de reconstrucción nacional o consejos consultivos para convencer a los cooperantes, ya que esto no es una garantía que no se van a invertir mal los fondos. Necesitamos un plan convincente, donde no solo solicitemos donación, sino que también reflejemos compromiso de país a corto y mediano plazo. Pero para construir ese plan convincente debe estar presente la academia, profesionales con competencias en el área y no las mismas caras de siempre, que llegan con fin de representar a alguien en particular. Ya basta de seguir con las mismas caras y los todólogos. ¿Acaso el país no tiene profesionales competentes que siempre recurrimos a los mismos? El grupo consultivo, puede ser integrado por todos los “notables” que consideren necesario, pero mientras no se democratice el espacio, el análisis y toma de decisión seguirá figurando como un espacio de monólogos. Demostremos que queremos cambiar y empecemos a hacer las cosas bien, para que al final no sea el pueblo hondureño quien pague
las consecuencias