Columnistas

El Pozo y Alcatraz

Hotel o prisión. Castigo o pícnic. Redención o condenación. ¿Qué es un centro penal? Un equipo de antimotines se tuvo que desplazar ayer de emergencia hasta El Pozo, ante la información de que familiares de los 37 “beatos” que pernoctan en celdas de máxima seguridad se desplazaban en tres buses hasta el lugar para protestar porque ya no aguantan el calor y porque no les calientan la comida.

En 1990, en una visita a San Francisco, conocí la famosa cárcel de Alcatraz. Su historia es aterradora. Muchos murieron tratando de escapar, unos ahogados, otros en las fauces de hambrientos tiburones, otros de hipotermia por las frías aguas, y ni siquiera su más mediático huésped, Al Capone, tuvo nunca ningún tipo de privilegios en los cuatro años y medio que se tiró en esa cárcel, hasta que contrajo sífilis y lo mandaron a morir al hospital de la misma prisión.

Alcatraz llegó a ser considerada la cárcel más temible del continente. Un prisionero se mutiló los dedos con el hacha de un camión de bomberos que llegó al centro penal. Otros se suicidaron, el primero de ellos llamado Ed Wutke, porque no aguantó el martirio.

Pero ni ayer ni hoy, y seguramente ni mañana, nadie cuestiona la presunta violación a los derechos humanos en las cárceles de Estados Unidos ni de ningún otro lado. Pero, como al perro más flaco se le pegan las pulgas, que no trate Honduras de medio poner orden en su sistema penitenciario, porque le caen las avispas.

Una madre ha hecho circular una carta en esas redes, en la que se compadece del dolor de la madre de uno de los “angelitos” de El Pozo, pero le recuerda que mientras ella podrá abrazar y llevarle comida a su hijo, ella solo le puede llevar flores al cementerio. Su hijo, le recuerda, le quitó la vida en un asalto cuando se dirigía a trabajar honradamente para mantenerla a ella y a sus hermanitos.

Pero las madres víctimas no tienen derechos humanos. Tampoco los hijos huérfanos, peor aún las pobres viudas. Y, mientras eso pasa, hay que rentar un hotel por lo menos cuatro estrellas para los “beatos” y que así sus parientes y ONG dejen de protestar.

*Periodista