Los altos dirigentes políticos tienen a la ciudadanía en vilo y expectante con relación al diálogo nacional. A pesar del compromiso mostrado por los representantes de la Organización de las Naciones Unidas y la comunidad internacional, que han apoyado firmemente el proceso, hasta la fecha no ha sido posible que los políticos se pongan de acuerdo e incluso, los impulsadores del diálogo tuvieron que dejarlo en suspenso recientemente ante la forma inapropiada en que se comportaron algunos de los asistentes a las reuniones de coordinación.
Un diálogo tiene que tener como fundamentos la buena fe y la disposición de los participantes de analizar y discutir los temas acordados con el propósito de encontrar soluciones. Para que sea efectivo, en el diálogo político deben participar todos los líderes de los distintos partidos, precisamente para discutir los temas controversiales de interés y beneficio nacional, porque de lo contrario, si solo se invita a los que de alguna forma coinciden en sus posiciones, entonces lo que se tendrá es una tertulia entre amigos. Pero también se necesita que los participantes justifiquen porqué han sido designados líderes de sus respectivas agrupaciones políticas y demuestren que son capaces de pensar y actuar en función del beneficio colectivo.
La palabra liderazgo identifica la capacidad que tiene una persona de influenciar sobre otras personas, permitiendo así motivar e incentivar que todos juntos trabajen en forma unida y entusiasta para lograr un objetivo común. Generalmente, el liderazgo le corresponde a una persona que se distingue del resto de los integrantes por su capacidad analítica, su personalidad y su don de convencer, para que actuando en forma coordinada el grupo pueda alcanzar las metas fijadas.
El liderazgo juega un papel fundamental en la conducción de los negocios empresariales, pero también es aplicable a otros ámbitos como en el deporte, la educación, la religión, la política y hasta a nivel del grupo familiar. Aunque existen diferentes tipos de liderazgo, los más comunes son los liderazgos democráticos, autoritarios y liberales (laissez faire).
El líder democrático es aquel que después de debatir los temas y tomando en cuenta las opiniones dentro del grupo, toma una decisión. El líder autoritario, en cambio, es aquel que toma las decisiones por su propia cuenta, sin dar la oportunidad al grupo de expresarse y de incidir en la toma de la decisión. Por su parte, el líder liberal es aquel que normalmente adopta un papel pasivo y se somete a las decisiones adoptadas por el grupo.
En lo relacionado con el líder político, se considera que debe reunir cualidades de integrador, facilitador, concertador y tener capacidad para tomar decisiones. Adicionalmente debe ser honesto, franco y abierto. Su liderazgo debe ser reconocido por su don de mando, su visión transformadora, sus cualidades morales y su capacidad de dirigir las masas.
Todo lo anterior lo relacionamos para motivar a que nuestros líderes políticos adopten una actitud de estadistas, interesados en adoptar decisiones que sean de beneficio para las mayorías y no solo pensando en sus intereses y ambiciones personales. Ser líder representa una gran responsabilidad hacia el país, sus seguidores y el pueblo en general y, por lo tanto, en los momentos cruciales hay que actuar como eso, como líderes interesados en tomar las mejores decisiones. Honduras necesita un clima de tranquilidad que facilite la inversión privada, la creación de empleo, el crecimiento económico y la mejora en las condiciones sociales de las mayorías. Las crisis recurrentes afectan de forma más pronunciada precisamente a los más desprotegidos, a las personas que tienen un empleo, a los microempresarios, a los estudiantes, a los enfermos, etc.
Es urgente retomar el camino del diálogo y adoptar decisiones que fortalezcan la institucionalidad, el respeto a la ley y el combate efectivo a la corrupción y la impunidad y que, además, doten de transparencia y credibilidad a los procesos electorales. Ya tenemos un informe elaborado hace algunos años por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, que además tiene el subtítulo “Para que los hechos no se repitan”. Los participantes en el di?logo deben demostrar que efectivamente son dignos de llamarse líderes políticos.