Columnistas

El comportamiento del covid-19

La enfermedad infecciosa por el coronavirus surgida en China en diciembre de 2019, COVID-19, por sus siglas en inglés, cuyo agente causal ha sido denominado por el Centro Internacional de Taxonomía Viral como SARS-CoV-2, una nueva especie perteneciente a la familia de Coronavirus, conocida desde hace muchos años, tiene perpleja a la comunidad científica por su peculiar comportamiento epidemiológico y clínico.

A diferencia de otros noveles microorganismos infectocontagiosos surgidos en los últimos 50 años, este virus tiene un período de dos a tres días, en que, sin dar ningún síntoma en quien lo ha adquirido (ocurre hasta en un 40%), es capaz de transmitirse rápida y eficientemente entre las personas. Una vez que aparece el primer síntoma su evolución puede ser leve o autolimitada hasta en un 80% o puede evolucionar en horas a severidad o tardar de cinco a siete días para llegar a esa etapa y luego continuar a un estado de salud critico —aproximadamente 5% de los casos— que amerite intubación/ventilación mecánica en una UCI y de la cual solo un 50% salen con vida, algunos de ellos con complicaciones y secuelas delicadas que afectan la calidad de vida de la persona. Sin embargo, hay varias observaciones hechas por la ciencia acerca de este comportamiento tan variable de la historia natural de la enfermedad viral en el ser humano. El primero es que algunos infectados asintomáticos, leves y moderados no desarrollan respuesta humoral —o sea, anticuerpos— contra el virus, pero sí desarrollan una potente respuesta celular que les proporciona inmunidad contra futuras infecciones con este virus, aunque todavía está por establecerse cuánto tiempo podría durar tal inmunidad. Igualmente, la exposición de los seres humanos a pasadas infecciones (catarros) con otros coronavirus genera inmunidad celular que protege o por lo menos hace que la infección con el covid-19 sea menos severa. Otro factor bajo investigación es la predisposición genética, pues hay individuos que son más susceptibles que otros, lo que podría explicar por qué algunos evolucionan a un estado de extrema gravedad y otros apenas con ligeros o ningún síntoma. Al respecto se investiga el papel de los grupos sanguíneos, mutaciones en el cromosoma X y en los receptores del virus en las células respiratorias y cardíacas. Un factor de enorme impacto es la concentración de virus infectante (inoculo), también conocida como dosis letal viral, en la exposición inicial, en el individuo que lo adquiere. Una baja concentración al momento de adquirirlo se ha asociado con asintomaticidad y enfermedad no severa, al respecto se ha demostrado esta relación en personas que usan la mascarilla, la que contribuye a un bajo efecto inoculo (baja carga viral). De hecho, el uso universal de la mascarilla en países orientales explica en gran parte el rápido control de la pandemia en comparación a los países europeos y del continente americano. Algunos epidemiólogos anticipan que en Latinoamérica el nivel de infección en la población alcanzará el 70% antes de que nos llegue la vacuna, lo que augura una catástrofe sanitaria, en especial en países como Honduras, con un sistema de salud muy débil; de ahí que las medidas de prevención ya conocidas son las poderosas herramientas sanitarias que tenemos por ahora para controlar el virus