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El abecedario de la inoperancia

La Secretaría de Educación, con un analfabetismo funcional, de manera inmediata y sin justificaciones pedagógicas, ratificó que los centros educativos gubernamentales y no gubernamentales de 154 municipios del país reanudarán clases de forma semipresencial a partir de la segunda quincena de agosto.

Cuando comenzó la pandemia, la gran mayoría de países tomó la decisión de cerrar las aulas para prevenir la propagación de la covid-19. En ese momento, había poca información sobre el comportamiento de la nueva enfermedad, pero había evidencia previa sobre infecciones respiratorias como la influenza que los niños transmiten con facilidad.

Hoy, un año y medio después, no solo se sabe más sobre el virus, sino sobre los efectos de mantener cerradas las escuelas y colegios, pero según estos genios de la educación, se abrirán lugares que presentan un bajo nivel de contagio de covid-19. Como si la pandemia con lápiz y papel anota los lugares donde va a atacar, cuando en realidad se ha visto que arrasa con el mundo entero. Imaginemos en las aldeas nuestras, donde jamás han visto un médico en sus vidas miserables, tapizadas de afiches políticos, aulas al aire libre y con pizarras ensartadas en los árboles.

Las grandes lumbreras del Gobierno dicen que cada localidad decidirá si regresan los docentes y estudiantes, o continuarán educándose de manera virtual en esos lugares donde ni la 'bendición' de la luz eléctrica llega, menos el internet y los teléfonos inteligentes, que si son más inteligentes que los rectores de la educación y que, además exigen que se debe cumplir una serie de requisitos para su reapertura, es decir, que todos los maestros, personal administrativo y de servicio deben estar inmunizados con dos dosis de la vacuna contra el covid-19, como si fueran ministros para ser vacunados de inmediato. También, las aulas deben poseer el equipo de bioseguridad necesario para cuidar a todos los alumnos, cuando ni en los centros de salud existe ese equipo. Además, cada escuela tiene que contar con infraestructura hidrosanitaria básica, es decir, agua potable y baños. ¡Una utopía, pues!

En tiempos normales, son los padres de familia los que compran las escobas, los trapeadores, el agua y jabones para el aseo de las escuelas. Ahora, con seguridad les van a pedir la compra de mascarillas e insumos. Pero como en este país las autoridades leen pasquines con un par de lamebotas de la medicina, no se dieron cuenta que un estudio publicado en The Journal of Pediatrics de la Universidad de Harvard estudia el rol de los niños en la propagación del coronavirus.

'En el estudio más completo de pacientes pediátricos con covid-19 hasta la fecha, los investigadores proporcionan datos críticos que muestran que los niños juegan un papel más importante en la propagación comunitaria de COVID-19 de lo que se pensaba anteriormente. Incluso, el nivel de carga viral presente en los niños es superior al de los adultos que se encuentran en estado avanzado del coronavirus'. 'Se demostró que los niños infectados tenían un nivel más alto de virus en sus vías respiratorias que los adultos hospitalizados en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI)', destaca la investigación.

'Los datos muestran que los niños son más contagiosos, independientemente de su susceptibilidad a desarrollar la infección por covid-19', señala Harvard.

Tristemente, el presidente y todos sus bufones de la corte azul no han estado a la altura de los niños y niñas, cuyos derechos prevalecen sobre los adultos, según nuestro remedo de Constitución, pisoteada por generaciones de diputados que no piensan ni en broma regresar a sus sesiones presenciales, porque es mejor dormir en sus mansiones bajo el cuidado placentero, porque solo hay una vida y en el Congreso dura para siempre.