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Día Internacional de la Democracia

Además de celebrar la independencia, el 15 de septiembre también se conmemora el Día Internacional de la Democracia. Así como reflexionamos sobre el significado de la independencia en esta fecha, hay que preguntarnos qué significa la democracia hoy en día. Queremos que los políticos compartan nuestras prioridades. Les pedimos que moderen sus palabras, que abandonen la confrontación visceral, y que dejen de lado el circo mediático para centrarse en los problemas que nos afectan. En las escuelas, en las universidades, en la televisión y en las redes sociales nos dicen que los políticos son nuestros representantes, pero, en la práctica, esta noción idealizada de democracia representativa enfrenta una crisis existencial, algunos lo llaman regresión, otros como declive democrático. Este sentimiento persiste desde hace más de una década y no parece que desaparecerá fácilmente, debido a la velocidad de los constantes cambios sociales, económicos, demográficos y tecnológicas de hoy.

Por eso, en vez de enfrascarnos en la nostalgia de querer regresar a tiempos menos complejos, debemos repensar en cómo hacer la democracia más resiliente. La democracia de hoy se ha simplificado; acudimos a las urnas a elegir a quienes nos gobernarán y a quienes no, pero eso no garantiza que trabajarán por el bien común. Utilizamos nuestro voto como un castigo en lugar de un premio, lo que le permite a la oposición política llegar al poder sin mucha creatividad. La democracia de hoy es identitaria; es decir, elegimos según emociones basadas en rasgos personales (raza, etnicidad, religión, sexo, roles de género, clase social, ideología, partido político, rasgos físicos, etc.) que nos identifican con un grupo social. Estos vínculos identitarios crean divisiones, un “nosotros” contra “ellos”, que nos arrastra hacia la política tribal; una lucha interminable de rencores, desconfianza y victimización.

Esta es la realidad de la democracia actual: en el exterior, observamos luchas por el poder, polarización y mal desempeño, pero por dentro, los políticos se enfrentan a la incertidumbre debido a la falta de ideas frescas. No obstante, esto no significa que la democracia esté destinada a desaparecer. Para muestra de un botón, la década de 2010 comenzó con 116 democracias electorales en el mundo, según Freedom House, y terminó con 115. Cualquier líder con tendencias autoritarias prefiere una democracia a una dictadura.

Lo que los autócratas buscan es controlar el proceso electoral y las instituciones. Por esta razón, los controles democráticos cobran una importancia excepcional en estos tiempos. En conclusión, desearíamos que los políticos nos representen, pero esto resulta difícil cuando su objetivo principal es consolidar su propio poder. Por eso, la democracia que tenemos hoy en Honduras es la que asegura que nadie monopoliza el poder. Y esa es una cualidad de su resiliencia.