Para que la vida de un individuo en la sociedad sea exitosa son necesarias algunas creaciones humanas, como las leyes y las costumbres. Las costumbres son, en términos generales, la moral misma. El ser humano es, entonces, un individuo capaz de crear una moral con el fin de posibilitar la vida en sociedad.
Con el uso de la tecnología, la sociedad se ha mostrado cada vez más desligada de la conducta moral que se utilizaba años atrás. Para nadie es desconocido que vivimos en una sociedad, donde queremos ser importantes y no útiles, vivimos con un déficit de educación, desigualdad, inequidad, pobreza, valores que a la larga en nuestra vida nos produce frustraciones a escala casi industrial.
Como sociedad seguimos replicando la intolerancia, la indolencia, los intereses personales, la injusticia, la desigualdad, la corrupción, la apatía, que al final a lo que nos ha llevado es a la destrucción de nuestra sociedad. La decadencia de la moral está estampada en casi todo el entorno donde nos vinculamos en nuestro día a día. En lo político, en la religión, en la educación, en el trabajo, en los medios de comunicación, prácticamente en todo observamos los mismos comportamientos.
En los medios de comunicación que antes se usaban con el propósito de comunicar asuntos importantes entre las personas, ahora se usan como medios de alienación. La distorsión de los valores morales trae graves consecuencias para las personas, pues las incentiva a desconectarse del colectivismo y de los prejuicios contra los menos favorecidos. Vivimos en una época en la que se habla mucho de justicia, de lucha contra la corrupción, de amor y respeto al prójimo, y parece que cuanto más hablamos, menos practicamos todas estas cosas.
¿Dónde terminará todo esto? ¿Qué esperar del futuro de una sociedad como la nuestra? ¿Cuánto tiempo más vamos a aguantar todas las atrocidades cometidas? ¿Qué será de nuestro país si sigue por el camino que lleva? ¿Cuál será el destino de las nuevas generaciones? Ante todo esto, es difícil no pensar en los niños, que, desde temprana edad, están a merced de los nuevos estándares y formas de actuar y pensar de nuestra sociedad.
Estos niños, como parte de un proceso inevitable, se adaptarán al entorno en el que se insertan, y continuarán la forma de pensar y actuar que experimentamos hoy, haciéndonos temer cada vez más el futuro que nos espera porque, actualmente, vivimos en una sociedad llena de valores distorsionados, una sociedad egocéntrica, donde todo gira en torno al yo, una sociedad en la que los placeres, especialmente los sexuales, han sido altos objetivos buscados, y muchas veces ingobernables, y son estimulados por una música extremadamente sensual y degenerativa.
Una sociedad donde la corrupción y la injusticia se practican todos los días, una sociedad sin control, donde todo lo anormal es válido para alcanzar la “felicidad” y la satisfacción de deseos egoístas, muchas veces ilícitos y mezquinos. Así pues, es necesario que la sociedad despierte ante la realidad y revolucione el comportamiento de la nación con responsabilidad y conciencia.
Esta es la sociedad en la que vivimos hoy, y será la sociedad en la que nuestros hijos crecerán, copiarán y se adaptarán, si no despertamos pronto y revisamos nuestra forma de pensar y actuar. Si no revisamos nuestros valores, para valorar las cosas que realmente importan, me temo que el futuro que nos espera a nosotros y a las próximas generaciones no será tan bueno como muchos imaginan.