A tan solo días de iniciar una larga jornada electoral atípica por muchas razones, comenzando por la crisis que se arrastra en un descontento social desde antes de las elecciones de noviembre de 2017, cuando Hernández asumió un segundo mandato en medio de acusaciones de fraude, después llegó la pandemia y los virus de la política nacional, azuzada por chantajes y el conflicto interno por el que atraviesa el Consejo Nacional Electoral (CNE), mismo que genera incertidumbre y desconfianza al proceso de elecciones.
Un CNE sin consensos, con posturas radicales y sin diálogo abierto no contribuye en nada al proceso de este domingo, donde asistiremos con más preguntas que respuestas, sin un censo totalmente depurado, sin la entrega total de una nueva tarjeta de identidad que al Estado le cuesta millones de dólares y promesas tiradas a la basura de un proceso aislado de transparencia, con ese discurso dulzón identificado desde el principio, como un torbellino de pasiones políticas con un guion estructurado para mantener el poder, quienes ahora lo ostentan, y que con el control absoluto se opusieron al paquete de reformas al proceso, con un Congreso Nacional que con su mano y hierro operó para dejar por fuera la posibilidad de implementar una segunda vuelta electoral.
Nueve precandidatos a la presidencia entre el Partido Liberal, Partido Nacional y el Partido Libertad y Refundación (Libre) participarán en estas primarias, donde el pueblo escogerá 3038 cargos públicos de alcaldías y diputaciones que se van a elegir para tomar las riendas de un nuevo paso en la búsqueda de un camino correcto de unas elecciones limpias para el noviembre próximo, de la mano de tres partidos que se enfrentarán de cara a los comicios primarios e internos del 14 de marzo.
Partido Liberal: una vez más, se juegan el destino de una institución abatida desde hace una década, con los fantasmas de un golpe de Estado y ciertos discursos absorbidos por el interés partidario, lamentablemente, con escasa visión y credibilidad partícipe de cuotas de poder que luego desencadenan un pánico escénico, con poca oposición gubernamental y muchos vacíos de propuestas sólidas que han sucumbido en una debacle, la cual se ha ido acentuando hasta llegar tímidamente en la tercera fuerza política de la nación.
Partido Nacional: se reacomoda en su desgastado y escabroso partido, buscando un crecimiento en su militancia que lo lleva ya a tres períodos consecutivos en el poder, con un amplio control parlamentario, pero aturdido por malos gobiernos y escándalos de corrupción, abanderado con la estrella solitaria, cada vez más sola en un viento de acusaciones por narcotráfico y redes del delito. Aun así, acumula gran fuerza en una maquinaria electoral que tritura sin piedad a los oponentes y apuesta para continuar por un desgastante período más.
Libertad y Refundación (Libre): partido armado con las piezas rotas del orden constitucional del 2009. Por tercera vez, este se enfrenta a un votante dudoso y temeroso de ideologías anarquistas, discursos incendiarios y tapizados de malas propuestas que arrastran la bandera del populista de una izquierda en rojo.
Con estos tres perfiles acudimos, pues, a elecciones que más parecen decepciones primarias, sin garantías de transparencia y seguridad, con una nueva ley electoral aún en pañales y posiblemente muertos inscritos para votar en el centro de una crisis pandémica mortal y carreritas en los tribunales de Nueva York.
Pero contra todo pronóstico, los hondureños acudirán a las urnas el domingo. Ni las vacunas rusas causan tantas filas, como para ir a darle poder a un político que apenas conocemos en fotografía de Photoshop, ya que no tenemos ni la mínima idea de cómo piensa y actúa en su cálculo para cambiar o terminar de desbaratar al país que apenas se sostiene, husmeando el olor de una democracia fallida en los intentos de este siglo de luces apagadas.
Un CNE sin consensos, con posturas radicales y sin diálogo abierto no contribuye en nada al proceso de este domingo, donde asistiremos con más preguntas que respuestas, sin un censo totalmente depurado, sin la entrega total de una nueva tarjeta de identidad que al Estado le cuesta millones de dólares y promesas tiradas a la basura de un proceso aislado de transparencia, con ese discurso dulzón identificado desde el principio, como un torbellino de pasiones políticas con un guion estructurado para mantener el poder, quienes ahora lo ostentan, y que con el control absoluto se opusieron al paquete de reformas al proceso, con un Congreso Nacional que con su mano y hierro operó para dejar por fuera la posibilidad de implementar una segunda vuelta electoral.
Nueve precandidatos a la presidencia entre el Partido Liberal, Partido Nacional y el Partido Libertad y Refundación (Libre) participarán en estas primarias, donde el pueblo escogerá 3038 cargos públicos de alcaldías y diputaciones que se van a elegir para tomar las riendas de un nuevo paso en la búsqueda de un camino correcto de unas elecciones limpias para el noviembre próximo, de la mano de tres partidos que se enfrentarán de cara a los comicios primarios e internos del 14 de marzo.
Partido Liberal: una vez más, se juegan el destino de una institución abatida desde hace una década, con los fantasmas de un golpe de Estado y ciertos discursos absorbidos por el interés partidario, lamentablemente, con escasa visión y credibilidad partícipe de cuotas de poder que luego desencadenan un pánico escénico, con poca oposición gubernamental y muchos vacíos de propuestas sólidas que han sucumbido en una debacle, la cual se ha ido acentuando hasta llegar tímidamente en la tercera fuerza política de la nación.
Partido Nacional: se reacomoda en su desgastado y escabroso partido, buscando un crecimiento en su militancia que lo lleva ya a tres períodos consecutivos en el poder, con un amplio control parlamentario, pero aturdido por malos gobiernos y escándalos de corrupción, abanderado con la estrella solitaria, cada vez más sola en un viento de acusaciones por narcotráfico y redes del delito. Aun así, acumula gran fuerza en una maquinaria electoral que tritura sin piedad a los oponentes y apuesta para continuar por un desgastante período más.
Libertad y Refundación (Libre): partido armado con las piezas rotas del orden constitucional del 2009. Por tercera vez, este se enfrenta a un votante dudoso y temeroso de ideologías anarquistas, discursos incendiarios y tapizados de malas propuestas que arrastran la bandera del populista de una izquierda en rojo.
Con estos tres perfiles acudimos, pues, a elecciones que más parecen decepciones primarias, sin garantías de transparencia y seguridad, con una nueva ley electoral aún en pañales y posiblemente muertos inscritos para votar en el centro de una crisis pandémica mortal y carreritas en los tribunales de Nueva York.
Pero contra todo pronóstico, los hondureños acudirán a las urnas el domingo. Ni las vacunas rusas causan tantas filas, como para ir a darle poder a un político que apenas conocemos en fotografía de Photoshop, ya que no tenemos ni la mínima idea de cómo piensa y actúa en su cálculo para cambiar o terminar de desbaratar al país que apenas se sostiene, husmeando el olor de una democracia fallida en los intentos de este siglo de luces apagadas.