Michelangelo Buonarroti (1475-1564), de Toscana y reconocido como Miguel Ángel, fue un genio del Renacimiento italiano, inclinado más a escultura que a pintura pues su padre fue dueño de una cantera de mármol. Cierta obra inicial suya, “La Piedad” (la virgen que abraza el cadáver de su hijo crucificado), es pieza única, hoy exhibida en una galería del Vaticano. Pero un día de 1500 la Opera del Duomo (labor en el techo) de la catedral de Santa María del Fiore (Florencia), que era una autoridad, ocupaba estatuas para ser ubicadas en los contrafuertes o cúpula de la iglesia y encargó a Miguel Ángel una escultura que representara tanto un pasaje bíblico (David apedreando y degollando al filisteo Goliat) como al espíritu revolucionario de Florencia frente a sus explotadores.
A los 26 años, y entre 1501 y 1504, Miguel Ángel talló a cincel el David desde un solo bloque de mármol blanco de cinco metros de alto previamente manoseado por otros orfebres. Cuando la estatua fue concluida se vio que era imposible subirla pues pesaba seis toneladas. Se decidió por ende instalarla en el Palazzo della Signoria, hasta su reubicación final en Galería de la Academia (1873). Ese David no es circuncidado, a pesar de ser hebreo, con lo que Miguel Ángel contradice la ley judaica, aunque eso ¿a quién Judas le importa...?
Pues bien, tan maravillosa creación artística fue pensada desde una épica actuación de batalla y desde luego que es intrascendente si el héroe viste ropa o pelea desnudo contra el profano enemigo, y por ello mismo los críticos y estudiosos de las civilizaciones la han catalogado como una de las obras de arte más extraordinarias del orbe, representativa como muy pocas otras del espíritu transformador y creativo del Renacimiento, despertar de la humanidad.
Excepto para algunos padres de familia de una escuela de Tallahassee (Florida, Estados Unidos) y para ciertas autoridades educativas que califican a la escultura como ¡pornográfica!...No debería extrañar que tal suceso ocurra en Norteamérica pues es habitualmente aceptado que si bien EUA es una maravillosa nación el índice cultural de la mayoría de sus habitantes, particularmente de clase media, es más bien bajo o pobre, aún colmado con prejuicios e ignorante de otros pueblos y sus modos de ser.
Debe recordarse que para que una obra artística sea vista como rudamente erótica se ocupan tres criterios: que la escultura lo sea, situación que acá no ocurre; que el espectador la interprete como tal, lo que responde a su consideración de la estética, o que sus fundamentos (culturales, políticos, sociales) sean tan primitivos y discriminatorios (en lo ético y religioso) que vea pecado donde no lo hay.
El que Miguel Ángel haya retratado al David en una íntima confrontación escénica, o sea de pureza física, más que describirlo lo muestra. Todos somos humanos combatiendo en algún escenario al mal, resistiendo la oceánica estructura viciosa atribuida al poco glamoroso Luzbel, cuando no es que luchamos contra otra visión prejuiciada y supersticiosa, cual es el concepto del pecado original (como antes del limbo, el purgatorio, el ardiente infierno, etcétera). Pero de allí a que creamos que el mal está por todas partes, eso lo que borda son los límites de la neurosis.