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Antídoto para no ser un zombi

En viajes de hace tiempo, las personas de otros países no me preguntaban por los conflictos de mi país, solían más bien, querer conocer cómo es el hondureño, y yo hice mi prototipo mapeando siempre los valores y cultura de cada región; respondía por ejemplo; somos alegres, solidarios, inteligentes, todo corazón, bondadosos, de mucho carácter y extrovertidos, imaginaba en orden a un ceibeño, al olanchano, un progreseño, alguien de cortés, al copaneco, un sureño y un capitalino, ellos como pequeña muestra de nuestros valores y cultura.


Todas esas maravillosas características del hondureño siguen ahí, son la cultura y valores de nuestra sociedad, pero se ven ocultos por los conflictos y es cuando se vuelve relevante la forma en que fuimos erigidos ante el conflicto sopesando nuestra ética, integridad, valores y cultura.


“La risa de unos se opaca con la mirada de odio de otros, la inmadurez emocional, el resentimiento y la envidia hace personas tóxicas, infelices e incapaces de dar felicidad, las personas son más duras hoy, parecen zombis y es preocupante porque pasa en adolescentes y en personas maduras”, me dijo Menfis, mi esposa, y me llama la atención lo de zombi.


Con tanto mal y conflictos hay quienes se convierten en un zombi, aduciendo que ha fallecido su integridad, ética y valores y que fue resucitado mediante un elemento “mágico”, la corrupción, y ahora obedece las órdenes de aquel que lo resucitó.

Este zombi se reincorpora a la sociedad esquivando las reglas, este zombi cree que el que roba y comparte no es un ladrón, o el que roba al ladrón tiene cien años de perdón.


El que Honduras tenga conflictos y ciertas crisis no es del todo malo, si partimos que el conflicto tiene funciones y valores positivos como evitar los estancamientos, estimular la curiosidad y atrevimiento de muchos para incitar el interés en cambios personales y sociales. No obstante, el conflicto también nos puede llevar a rumbos destructivos, porque todo comienza en nosotros en nuestras actitudes y creencias sobre el conflicto.


Sabiendo que en medio del conflicto hay zombis, el antídoto para no ser un zombi es pensar que para tener éxito hay que tener integridad y confianza, tiempo para compartir nuestra persona, lo que somos y creemos para convertirnos en guías.

Es cierto que necesitamos políticos, pero también necesitamos guías de vida que rompan los paradigmas, que muestren como con ética y honestidad se puede vivir mejor y hacer negocios en buena lid y que se vuelvan instrumentos para inspirar a otros e influir en la sociedad acabada.