Qué frustrante es para un pueblo tener políticos mezquinos que olviden que fueron elegidos para representar los intereses de sus ciudadanos, que luego de ser elegidos democráticamente se olviden de lo anterior y miren la administración pública como la hacienda o la mina que siempre han soñado. ¡Dan hasta náuseas!
Observamos a muchos diputados en los últimos gobiernos y no es la excepción el actual, se jactan de ser oposición, tan errónea y vacía su postura no representa un verdadero beneficio al pueblo hondureño, sino que pareciera que es en defensa de sus egos en busca del tal ansiado poder político que se lamen los bigotes sin ni siquiera tenerlos para obtener beneficios económicos de uno u otro lado.
En la actualidad hablar de oposición política es hacer propia aquella frase popular “estar en contra de todo y a favor de nada” sin fundamento alguno, solo por el hecho de pertenecer a una institución política diferente a la que se encuentra en el poder y que equivocadamente se toma una postura de oposición.
La realidad debería ser otra.
En un país con políticos de altura, donde se busque verdaderamente dar soluciones a las necesidades del pueblo, se debe apoyar las decisiones acertadas del gobierno en turno y criticar de manera categórica las decisiones erradas.
Pero más allá de eso, ser una oposición proponente con propuestas convincentes, objetivas y atinadas, mismas que deben ser escuchadas por las autoridades, donde la tolerancia debe prevalecer, el diálogo debe reinar, el respeto debe ser el camino para gobernar, legislar y hacer justicia a favor de este país que tanto lo demanda.
Honduras está cansada de que ser utilizada para convertir cada cuatro años de gobierno a nuevos millonarios, a costa del dinero del pueblo.