Cartas al editor

Las campañas mediáticas

Tras el juicio que se está llevando a cabo en Nueva York al hermano del actual presidente de Honduras, es importante reconocer el papel que juegan los medios de comunicación, pues los hondureños en este momento solo somos espectadores del juicio que inició el 2 de octubre, debemos saber que se lanzarán varias cortinas de humo para desviar la atención, pero hay una nueva estrategia, los analistas del país no pueden decir nada, según ellos porque no ha terminado el juicio.

Mientras la oposición exige la salida del actual mandatario, mediante la inminente muestra de que tiene vínculos con el narcotráfico, los de la bandera de la estrella solitaria buscan todos los medios y recursos posibles para que la máscara que está a punto de ser arrancada en su totalidad les permita ganar tiempo, valioso tiempo para pensar en una nueva jugada, ya que su juego está a punto de caer en jaque, y el jaque mate, viene muy de prisa, entonces su nuevo intento de querer salir a flote es salir y decir que al querido por la mayoría del pueblo, Juancito el pulcro, lo están acusando bandidos, y muchos abogados que parece perdieron la razón se atrevieron a decir que en EE UU juzgan sin tener pruebas.

La inteligencia de un país en donde el 90% de los crímenes quedan en la impunidad versus la de un país que controla las redes sociales de mayor influencia a nivel mundial, son pocas las especulaciones que se hacen de cuántos años puede recibir Tony de condena, no les conviene que sepamos que están entre la espada y la pared, la información que recibimos de medios nacionales es filtrada, y los politólogos y analistas son bastante tibios al hablar del escenario actual que muestra a Honduras como uno de los países más corruptos de Honduras y como un narco estado. Si usted pone en Google presidente narco, verá la cara del querido Juancito por todos lados.

Así funcionan las cosas, la estructura de los medios de comunicación, muchos cohibidos, y otros corrompidos, hablan que aún nadie puede decir qué pasará porque el juicio aún no concluye, aunque hayan pruebas irrefutables en contra del imputado.