Cartas al editor

El túnel del amor

Siendo yo un nefelibata escritor, un romántico empedernido, y todavía sin que cupido me flechara, estaba decidido a encontrar el amor de mi vida en un lugar que solo conocía por fotografías, y que los locales, bromeando decían, que en ese túnel entraban dos y salían tres, así pues, sin tanta prisa empecé a escribir versos y recitarlos en voz moderada para que los escuchara alguna dama que fuera de mi agrado y así conocer, tal vez, al amor de mi vida, yo pude haber ido a ese maravilloso lugar hace mucho tiempo, pero no quería ir solo, tenía que ir acompañado de una dama, esa a la que yo después de conocerla un poco, creyera que es la adecuada; pero como el destino puede ser tan incierto; un día mi amigo se fue para Francia a estudiar literatura universal, y en esa aventura conoció a Simone, quien se sintió atraída por los atributos latinos y en apenas siete meses de relación ya había decidido venirse a vivir con él a nuestro país, era su primer viaje fuera de la capital y no pudieron escoger mejor lugar para venir, y agarrando una maleta de las pequeñas Simone, dijo: estoy lista vamos al túnel del amor, rápidamente fui a donde uno de los ya conocidos lancheros y le expliqué que necesitaba llevar a mis amigos al túnel, iba a comprobar, aunque no precisamente por mi cuenta, aquello que tanto escuchaba a la gente decir, y en unos minutos aquella mujer cambió su semblante completamente cuando la lancha se internaba en las aguas del Caribe, llegando a Punta Sal, les dije: yo nadaré un rato es estas hermosas aguas, y vaya que lo eran, hasta olvidé que estaba solo, ustedes entren al túnel, cuarenta minutos después, Simone, salió con una sonrisa que adornaba su rostro me abrazó y me dijo: tú serás el padrino de nuestra boda, nos casamos en dos semanas.

Fue entonces cuando en una lancha iba una dama hermosa de tez blanca como copos de nieve, ojos castaños y una dulce sonrisa, nuestras miradas se cruzaron y también nuestros destinos, algo me dice que volveremos a vernos. (Cuento).