Cartas al editor

El tiempo y el cambio

El tiempo no es prisionero de ningún objeto, así como el mismo cambio no es prisionero del tiempo, pero los dos están implicados justamente en el devenir de la cotidianidad, o en la eternidad y no hablo de lo eterno del ser histórico sino en lo eterno de las ideas que provocan cambios en el espacio tiempo. Parece ser que dominar el tiempo es aniquilar el cambio.

Esa dinámica que existe en tiempo y cambio no es caprichosa está ligada estrechamente al concepto de “evolución” se cambió el tiempo cósmico a tiempo de trabajo, tiempo social, tiempo disponible, tiempo de ocio, sin duda, estas son categorías humanas.

Existe una gran interrogante, ¿cómo producimos tiempo? En esta era estamos produciendo mucho más rápido, hemos aumentado la productividad para producir en menos tiempo y estamos provocando cambios en la misma sociedad, se organiza el trabajo para obtener mejores procesos de producción, se reemplazan humanos por maquinas.

Todo esto del tiempo y cambio no es un dato lineal así como los eventos que pasan por ellos no son simultáneos. Hay un cambio incesante en el fluir de las cosas y del sujeto que las conoce. Estamos enfrentando el fluir de las cosas, la fuente donde se emana el cambio tal vez sea el individuo mismo.

El problema del tiempo se extiende en el espacio de la eternidad. Nuestra sustancia temporal es donde la agitación del cambio se aquieta.Todos los seres humanos compartimos la experiencia del tiempo, es algo esencial que está presente en todos los ámbitos de la vida humana.

Nuestra percepción está claramente marcada por la temporalidad, los sucesos que percibimos se nos aparecen ordenadamente y nuestro cerebro los almacena en la memoria.

Además, gracias a la ordenación temporal de la que es capaz nuestro cerebro, no confundimos nuestras percepciones pasadas con las presentes; menos aún con nuestras perspectivas sobre sucesos que esperamos o creemos que sucederán.