Cartas al editor

Educación en civismo

En todo hogar, en la comunidad, las familias anhelan hijos sabios, estudiosos, inteligentes, enteramente preparados para enfrentarse a la vida, para contribuir al desarrollo de la comunidad local.

La escuela es la llamada a realizar ese gran objetivo en la niñez, a través de la educación, con la buena voluntad, interés y acción de los educadores, que sepan cumplir con su sagrada misión de civilizar (instruyendo, mejorando, cultivando, ilustrando) y civilidad (cortesía y amabilidad), en la formación de los futuros servidores de la patria.

Debemos hacer memoria que en los antiguos programas de enseñanza, la asignatura de Moral y Cívica era indispensable y obligatoria.

Nuestros antepasados gustaron de esas enseñanzas y fueron personas disciplinadas con altos conceptos éticos, cívicos, aprendidos en las escuelas y practicados en su vida personal, social y profesional.

Esos modelos de padres fueron los que tuvimos en nuestra época de escolares.

Los educadores conocemos la realidad social y política de nuestra patria; por un tiempo, funcionaron en los centros educativos los denominados gobiernos escolares, que, para muchos directores y maestros, eran un tedio, más no sabían que esos ejercicios eran grandes oportunidades, para afianzar la cultura cívica en los educandos como una motivación esencial, para una ciudadanía patriótica, con las virtudes de civismo, lealtad y un auténtico nacionalismo.

Esos eran los contenidos del proceso de los gobiernos escolares, implantados en el último cuarto del siglo pasado en las escuelas de Honduras.

Algo similar ocurrió cuando dos Congresos emitieron decretos para que en las escuelas se destinaran 15 minutos a la lectura de versículos de las sagradas escrituras, que fomentaran la formación cultural de los educandos, como el crecimiento en ciencia y sabiduría, sin la intromisión de líderes religiosos, para evitar el obcecado fanatismo religioso en los centros educativos.