El primero de mayo se desarrolla la marcha conmemorativa al Día del Trabajador, con la puesta en escena de las diferentes organizaciones obreras y sindicales del país.
Tradicionalmente se ha llevado a cabo el desfile de los obreros expresando consignas populares, haciendo énfasis en los problemas que aquejan a la nación, así como exigiendo a las autoridades brindar respuestas rápidas y puntuales a los asuntos torales que vulneran la capacidad de lograr un desarrollo sostenible.
Sin embargo, las últimas presentaciones hechas por los trabajadores han dejado mucho que desear, desgastándose en confrontaciones y batallas campales entre la autoridad y el sector obrero, opacando el colorido y la alegría que debería tener una celebración de esta magnitud, ¡una fiesta cívica!
Si bien es cierto es un derecho constitucional que tienen los ciudadanos de manifestarse en las calles, no es correcto que se destruya la propiedad pública y privada incendiando establecimientos y documentación importante, considerados como patrimonio nacional.
De esa forma no se construye patria, se gastan grandes cantidades de dinero en la compra de material para disuadir los grupos de manifestantes cuando su conducta se torna violenta, pero de igual forma se destinan muchos millones en reparar edificios e infraestructura pública, que resulta dañada por los promotores de las protestas.
En ambos escenarios, esos recursos bien podrían ser utilizados en brindar mayor atención en salud, educación e infraestructura. Es tiempo ya de empezar a cambiar la estrategia de protesta violenta por una forma racional y civilizada. Recordemos que nuestros derechos terminan donde comienzan los derechos de los demás.
Denys Oseguera
Periodista