Cartas al editor

De espíritu navideño

Tuve la fortuna que mis padres -ya fallecidos ambos- Rigoberto Espinal Irías y Alejandrina Ferrufino Palma eran personas con gran espíritu navideño. Para los dos, la Navidad era una fecha muy especial, como de hecho lo es para los que sabemos que es una temporada donde las personas celebran una fiesta cristiana pero que también se puede celebrar con moderación, es decir que no “satanizaban” el consumo del alcohol.

Recuerdo que mi madre, después de su cumpleaños en octubre, le pedía a mi hermana mayor, Diana, que fuéramos escogiendo los regalos para el 24 y visitábamos diferentes tiendas para ir escogiendo aquellos presentes que de acuerdo al presupuesto familiar era posible adquirir. Ambos trabajaban en la docencia, y mi padre también en su bufete legal, así que había ingresos para que sus cinco hijos recibieran el regalo anhelado.

Ellos nos regalaron unas navidades inolvidables y con calor familiar. Luego del divorcio de mis padres, mi madre se fue a vivir a los Estados Unidos y yo con el transcurso de los años trabajé con mi padre en su bufete, y en esos años recuerdo que íbamos juntos en Navidad a varios lugares a departir y tener una celebración en “camaradería”; más que una relación entre padre e hijo, éramos amigos.

Fueron muchas las personas que nos miraban conversar en esos lugares como aleros, hablamos de fútbol y de temas relacionados con el acontecer nacional e internacional, escuchando música navideña.

En ocasiones, algunas de mis amigas nos acompañaron y nos divertíamos mucho.Papá murió el 27 de diciembre de 2013, hace ya 10 años, y mi mamá hace 23.

El tiempo vuela, pero los recuerdos que se me vienen a la memoria por el espíritu navideño que ambos tuvieron serán imborrables y eternos. ¡Feliz Navidad, Honduras!