Muchos escritores de la antigüedad intentaron resolver este problema; y desde la antigüedad hasta nuestros días poquísimos son los diálogos sobre este tema.
La pura tendencia a dar respuesta o simplemente hay una negación de la autenticidad de ser. El concepto de “Autenticidad” (ser fiel a uno mismo) tiene una larga tradición que se remonta a los antiguos griegos, el ser autentico se puede definir como un patrón de conducta que promueve y se inspira fomentando la adquisición de una mejor y mayor conciencia de uno mismo, una moral internalizada y siendo transparente entre las relaciones con los demás, con altos estándares éticos que guían las conductas y la toma de decisiones sin neutralidades.
De las obra de Ortega tomé el vasto tema de la autenticidad, el camino que siguen quienes se niegan a sumergirse en los usos, costumbres y creencias que tácitamente enmarcan el comportamiento del individuo en la sociedad.
Analizamos el solitario camino propio, que se inicia luego del triste evento de la propia vida y que nos lleva a confiar en la razón vital para elegir un programa de vida rescatando lo que creemos puede sernos útil de la circunstancia en que nos encontramos y de la experiencia pasada.
No podemos equivocarnos en esta elección ya que en ella se juega nuestro futuro, nuestra felicidad, nuestro ser, por lo que más nos vale escuchar la voz de la vocación que brota de nuestro fondo insobornable.
Si dejamos de vivir para amoldarnos a la sociedad y creamos una sociedad al servicio de la vida humana y de la vida en general.
La vida es un trabajo que cada uno tiene que descubrir y conquistar. Esto significa que su plenitud es inseparable de conceptos como “destino”, “proyecto”, “misión” o “deber”.
Hay que apostar por un camino importante que esté a la altura de nuestras mejores intenciones, de examinar y valorar el calibre moral de la vida personal.
Esto es soberanía sobre sí mismos.