Dentro de las posibilidades materiales que la situación permite, hoy se celebra la antesala del nacimiento de Cristo Jesús de diversas maneras: las amas de casa elaborando platos típicos de nuestra gastronomía, los jefes de familia adquiriendo los regalos a ser intercambiados, los creyentes elevando plegarias y asistiendo a ceremonias religiosas, las niñas y niños practicando actividades lúdicas, las que deben estar exentas de la quema de pólvora, causante de quemaduras y lesiones.
Por desgracia, para miles de hondureñas y hondureños, las carencias tanto económicas como afectivas, al igual que el desempleo y la pobreza ascendentes, les imposibilitan poder unirse al regocijo colectivo; incluso, las bajas temperaturas propias de la estación los encuentran sin un techo protector, sin vestimenta adecuada para abrigarse del frío, el viento y la lluvia.
Centenares de compatriotas pasarán estas festividades recorriendo el cada vez más peligroso territorio guatemalteco y mexicano -empujados por la ausencia de oportunidades laborales en su patria-, en pos de un ya inexistente “sueño americano”.
El luto y el dolor se ha ensañado con muchas familias debido a la violencia incontrolada que ha segado irreparablemente a algunos de sus seres queridos. Sus clamores por justicia caen en el vacío, ya que la impunidad sigue protegiendo a los delincuentes de toda laya.
A pocos días de concluir este 2011, es necesario reflexionar sobre lo que hemos cumplido o incumplido a lo largo de estos doce meses, buscando perseverar o rectificar, según sea el caso, en búsqueda permanente de valores esenciales: paz, solidaridad, convivencia armoniosa, estabilidad, tolerancia, prosperidad individual y colectiva. Sin ellos, cualquier sociedad tiende al caos y la desintegración.
Los políticos también deben anteponer sus ambiciones personales y grupales ante el bien común, ofreciendo para el 2012 propuestas factibles y creíbles, despojados de demagogia y antagonismos confrontativos que, incluso en el más reciente ayer, han servido para restar y no para sumar, para dividir y no para unificar.
EL HERALDO formula votos permanentes para que, ante las incertidumbres globales que se avizoran cada vez más próximas, sepamos hacer frente a los retos que traerá consigo el próximo año.
Y, que esta noche, seamos capaces de reencontrarnos con nosotros mismos y con nuestro prójimo haciendo nuestro el “Amaos los unos a los otros”.