Impacto del conflicto Israel-Hamás: un nuevo orden en el Medio Oriente

La incursión de Hamás en octubre de 2023 desató una guerra devastadora. Quince meses después, Gaza está arrasada y las alianzas en la región han cambiado

  • 25 de enero de 2025 a las 19:48
Impacto del conflicto Israel-Hamás: un nuevo orden en el Medio Oriente

Por Erika Solomon / The New York Times

Cuando los militantes de Hamás lideraron una mortal incursión transfronteriza el 7 de octubre del 2023, desencadenaron una guerra con Israel que ha devastado Gaza. También desencadenaron ondas de choque que han dado nueva forma al Medio Oriente.

Las alianzas quedaron trastocadas. Se cruzaron “líneas rojas” establecidas desde hace mucho tiempo. Una dictadura de décadas en el corazón de la región fue arrasada. Quince meses después de los ataques de octubre, con un alto el fuego en marcha entre Israel y Hamás, la región ha sido transformada radicalmente.

Israel ha reafirmado su dominio militar, pero podría enfrentar costos diplomáticos e internos. Los líderes del País trataron los ataques liderados por Hamás como una amenaza existencial y resolvieron derrotar a Hamás y debilitar a su principal patrocinador, Irán. Israel no solo ha logrado debilitar a Hamás en Gaza, sino que también ha diezmado al grupo chiita libanés Hezbolá y asestado un duro golpe a la red de aliados de Irán en Medio Oriente.

Celebrando el acuerdo de alto al fuego entre Israel y Hamás, en la ciudad cisjordana de Ramala este mes. La guerra ha matado a más de 45,000 personas en Gaza.

Más cerca de casa, el éxito de Israel ha sido más ambiguo. Si bien ha debilitado a Hamás, no lo ha destruido, como había prometido.

La economía de Israel ha sido golpeada y su política sigue dividida. La posición global del País está hecha jirones, amenazando sus objetivos diplomáticos, como la normalización de los vínculos con Arabia Saudita.

Hamás y Yahya Sinwar, su líder en el momento de los ataques del 7 de octubre, querían que desencadenaran una guerra regional más amplia entre Israel y los aliados de Hamás. Pero el grupo no pudo anticipar cómo podría terminar la guerra.

Para los civiles palestinos, el futuro luce más sombrío que nunca.

Los bombardeos y la invasión de Israel han obligado a casi todos los habitantes de Gaza a abandonar sus hogares y han matado a más de 45 mil personas, reportan las autoridades de salud de Gaza. Israel ha reducido a escombros amplias zonas del enclave.

Israel ha matado a Sinwar y al resto de los máximos dirigentes militares y políticos de Hamás, y la popularidad del grupo entre los habitantes de Gaza se ha desvanecido, aunque los funcionarios estadounidenses estiman que Hamás ha reclutado casi tantos combatientes como los que ha perdido en 15 meses de combates.

Israel insiste en que Hamás no puede seguir gobernando el enclave, pero no ha presentado un plan para la Gaza de posguerra. Los Estados del Golfo como Arabia Saudita dicen que no normalizarán las relaciones con Israel a menos que se comprometa a seguir un camino para establecer un Estado palestino.

Un Hezbolá destrozado, alguna vez la joya de la corona del eje de resistencia de Irán, ha aflojado su control sobre Líbano. Pero la invasión y los bombardeos de Israel han dejado a Líbano enfrentando miles de millones de dólares en costos de reconstrucción en medio de una crisis económica anterior a la guerra. Hezbollah, antes la fuerza política y militar dominante del Líbano, ha sufrido un marcado cambio de suerte desde los ataques del 2023. Israel ha matado a la mayoría de sus principales líderes, incluyendo a Hassan Nasrallah. En términos más generales, la promesa medular del grupo a Líbano —que es el único que puede proteger al País de Israel— ha sido destrozada.

Años de estancamiento político se aliviaron lo suficiente este mes como para permitir que el Parlamento libanés eligiera un nuevo Presidente y nombrara un Primer Ministro respaldado por EU y Arabia Saudita.

Sin embargo, Hezbolá aún puede convocar a miles de combatientes.

La salida de Bashar al-Assad el mes pasado —uno de los resultados más inesperados del 7 de octubre— desmanteló un régimen autoritario brutal. Pero la zozobra que siguió ha creado las condiciones para nuevas luchas de poder.

Durante unos 13 años, Al-Assad había contenido en gran medida una rebelión contra los 50 años de control del poder de su familia —con la ayuda de Rusia, Hezbolá e Irán. Pero mientras Moscú se concentraba en su guerra en Ucrania, e Irán y Hezbolá se resentían de los ataques israelíes, rebeldes liderados por los islamistas de Hayat Tahrir al-Sham, respaldados por Turquía, avanzaron por Siria y depusieron al Gobierno en cuestión de días.

Con la salida de Al-Assad, Irán ha perdido influencia sobre el país que proporcionaba una línea de suministro de armas y militantes.

Se han borrado las anteriores líneas rojas que impedían que la región cayera en una guerra total: desde que Israel asesinó a Ismail Haniyeh, el líder político de Hamás, mientras estaba como invitado en Teherán, Irán e Israel han llevado a cabo ataques aéreos entre sí.

Un gobierno iraní debilitado que se sienta vulnerable podría verse obligado a convertir en arma su programa nuclear de décadas de antigüedad. Los funcionarios estadounidenses han advertido que Irán podría necesitar algunas semanas para enriquecer uranio a niveles aptos para bombas.

© 2024 The New York Times Company

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