Alarmante

Casi 200 pacientes con covid-19 se han fugado de hospitales de Honduras

En la zona norte del país se ha registrado la mayor cantidad de los escapados de los centros asistenciales. Expertos advierten que la depresión puede ser un asesino silencioso en los enfermos

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- Algunos lo hicieron por la depresión del momento, otros porque su condición de salud levemente mejoró y, principalmente, el resto optó como una forma para sobrevivir al covid-19.

Hospitales sin condiciones necesarias para las atenciones más la ansiedad o desánimo de los enfermos se han convertido en la mezcla homogénea para que los pacientes con covid-19 hayan recurrido a la fuga sin tener un alta médica.

La situación es crítica: los escapados pueden fallecer por la falta de asistencia, además de que el riesgo de propagar la enfermedad es alto, pero, según los médicos, ellos (los fugados) pueden volver pese a su acción que, en otros países, es considerada una infracción.

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Números de la Secretaría de Salud en poder de la Unidad de Datos de EL HERALDO Plus indican que 195 pacientes con covid-19 (entre confirmados y sospechosos) se han fugado sin ser dados de alta y sin contar con los respectivos tratamientos de 21 de los 33 hospitales que conforman la red pública de Honduras.

Las cifras, desde el 1 de enero al 15 de julio de este año (preliminares), muestran además que es en la zona norte del país en donde los enfermos apelan más a las fugas de los centros asistenciales, con un 57%, aunque estén en una condición severa de salud.

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El norte repunta

En el Hospital de Puerto Cortés es en donde se han fugado más pacientes con coronavirus, con 46 en total en los primeros siete meses de 2021.

De ese acumulado, 24 son enfermos confirmados de covid-19, mientras que 22 han sido sospechosos.

El director de este centro asistencial, Orlando Ríos, dijo a EL HERALDO Plus que las fugas se deben a dos situaciones: porque en el Hospital de Puerto Cortés no cuentan con espacios para UCI y por la depresión que se le desarrolla al enfermo.

“La mayor parte de esas fugas es porque cuando sienten que la gravedad está aumentando el paciente prefiere marcharse”, argumentó.

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Que el Hospital de Puerto Cortés no cuente con una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), solo una sala a alto flujo, ha obligado a los enfermos, casi moribundos, a interferir su asistencia médica porque podrían perder la vida en caso de no hacerlo.

“Cuando se requiere que el paciente pase a UCI es ahí el problema porque al no haber espacio prefieren las clínicas privadas”, explicó.

“El paciente es consciente del estado de salud en el que se encuentra; el doctor que lo atiende se lo hace saber, pero uno, como doctor, tampoco puede obligar al paciente a quedarse cuando ya han determinado irse”, añadió.

Ríos también especificó que el no ver a su familia, estar junto a más enfermos y la poca interacción son factores que turban emocionalmente al paciente a tal extremo que deciden escaparse del hospital.

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El otro escenario es cuando el enfermo siente una leve mejoría que, de acuerdo a lo médico, no siempre es un indicativo de avance en contra de la enfermedad, pero el hospitalizado lo toma así.

“Lo lamentable es que sale mal y con muchas posibilidades de fallecer”, reprocha el galeno, quien también expresó que “el paciente, pese a su condición, debe de ser más racional”.

Después del Hospital de Puerto Cortés, el Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula es el segundo al registrar más fugas, con 19.

En tercer escalón está el de Atlántida con 17 huidas, mientras que el Hospital Roberto Suazo Córdova contabiliza 14, uno más que el Centro asistencial de El Progreso, que registra 13.

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Miedo a morir

Naturalmente Eugenio Flores (nombre irreal), de 51 años, decidió fugarse del Hospital San Francisco de Juticalpa, en Olancho, en junio pasado después de presenciar la muerte de varios hospitalizados (en su misma sala) de covid-19 en solo unas horas.

Por la mañana fue ingresado aunque no era positivo (a falta de prueba) y, para la tarde, ya había ejecutado la decisión: escapar por miedo a que él también falleciera, como uno más de los casi 9,000 que registra Honduras.

Cuando uno de sus familiares fue a preguntar por él, se le notificó que se había fugado, por lo que el médico tomó la decisión de no volverlo a atender en caso de que regresara.

Confirmado de coronavirus posteriormente, el zapatero comenzó con su medicación en casa.

Para la doctora Andrea Bueso, es “muy normal” que los enfermos hospitalizados sientan depresión, pero advirtió que “este efecto puede contribuir en la descompensación del paciente”.

“La parte emocional juega mucho en una persona hospitalizada porque, de acuerdo a cómo se siente anímicamente, podría determinar su evolución”, estimó.

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Ayuda psicológica

Para el psicólogo Felipe Maldonado, los hospitalizados, durante su proceso, deben recibir asistencia emocional para lograr que, en la medida de lo posible, no sean afectados por la depresión.

“Se pueden aplicar técnicas; es vital que el enfermo sienta respaldo de su familia porque es un gran impulso anímico”, comentó.

El experto dijo que la depresión “es tan grave que lleva al enfermo a tomar decisiones que pueden afectar su salud, como las fugas de los hospitales que pueden terminar perfectamente en muerte”.

Videollamadas, regalos o palabras de ánimo, según Maldonado, podrían hacer la diferencia en el combate de la enfermedad del paciente que se encuentra en un hospital.

“Los médicos deberían interactuar, permitirles el celular y hasta ganarse la confianza de los pacientes para que no lleguen a la depresión”, planteó.

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Los estudios han demostrado que las personas con infección por coronavirus son más propensas a desarrollar depresión crónica, ansiedad u otras patologías mentales.

De hecho, la escritora Julia Ries, en su artículo “Las personas con covid-19 tienen más probabilidades de desarrollar depresión, ansiedad y demencia”, precisa que el simple hecho de que se le diagnostique una enfermedad nueva y potencialmente mortal puede desencadenar estrés y ansiedad.

“Este es un tema que nadie le está prestando atención en Honduras, pero la depresión ha matado a personas con coronavirus, ni siquiera fue el virus”, comentó a través de un mensaje de voz la psicóloga Claudia Mancía.

A juzgar por los cuadros clínicos, los médicos sugieren que psicólogos también sean parte de la primera línea al interactuar diariamente con enfermos para evitar la depresión.

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