Nelson Ávila, el político forjado entre libros: "La gente no te escucha si no eres parte de un partido"

Nelson Ávila, precandidato presidencial por la corriente 5 de julio del partido Libertad y Refundación (Libre). Ilustración: Jorge Izaguirre.

TEGUCIGAPA, HONDURAS.- Mientras citaba a Yuval Noah Harari, Aristóteles o Platón, Nelson Ávila comenzó a platicar sobre su vida. Era lo menos que se podía esperar de un intelectual que a sus 68 años tiene ocho títulos universitarios, incluidos cuatro postdoctorados.

Se sentó en la silla del fondo después de llegar un poco tarde al café acordado. No suele ser impuntual, pero se disculpó diciendo que estaba en otra entrevista con un canal televisivo. Es un hombre muy ocupado, solo en los primeros 15 minutos de diálogo recibió dos llamadas telefónicas.

No quiso tomar café, aunque lo llamó el elixir de la vida; se conformó con una botella con agua para calmar su garganta después de hablar por más de una hora.

Pidió disculpas por quitarse el cubrebocas en tiempos de pandemia, pero casi un año después del primer caso de covid-19 no se acostumbra a usarlo. No dejó de sonreír en ninguno momento, ni siquiera cuando habló de la vulnerabilidad del país que busca liderar.

Nelson Ávila es un hombre agradable. Bastante paciente y sereno, no se altera con facilidad, ni siquiera lo hizo en 2016 cuando Marvin Ponce, ex asesor presidencial, le lanzó un vaso con agua en plena transmisión televisiva. "Muchas gracias", respondió sin moverse del lugar en el que estaba.

Su peculiar cabello crespo, con tono blanco y negro, no le permite -en ningún lugar- pasar desapercibido.

Siempre habla citando a grandes escritores o reforzando sus argumentos con estudios, informes o análisis, algo usual en un hombre que leyó más de 400 libros solo para escribir su tesis de doctorado.

Su pasión por la lectura surgió desde los seis años, cuando su madre, Ana Luisa Gutiérrez y padre, José María Ávila, decidieron separarse y, con ello, también alejarlo a él de sus tres hermanos menores.

Ambos llegaron a un acuerdo que jamás entendió, porque para él lo más importante era que las clases terminaran para pasar las vacaciones con su progenitora y el resto de su familia. “Miraba a mis hermanos cada 10 meses”, lamentó.

“Producto de esa separación yo me refugié en los libros, eso significó que yo seleccionase a mis amigos, por lo que muchos de mis amigos en este momento son forjados desde la educación primaria, con valores”, contó, mientras su teléfono sonaba desesperadamente. Pidió disculpas, contestó para decir que estaba ocupado e inmediatamente colgó.

Cuando colocó a un lado de la mesa su celular, continuó hablando de su solitaria -pero provechosa- infancia.

Mencionó que nunca le faltó afecto ni cariño; su padre, quien trabajaba como mecánico, siempre estuvo al pendiente de él y le ayudó a ser completamente independiente. De su madre, a quien extrañaba cada mañana cuando el sol salía y se ponía, heredó la fortaleza.

Para él, poder verla, abrazarla, escucharla, era como observar la danza de las aves en el cielo, aunque no dijera que la extrañaba pesaba más esa conexión innata que se genera entre dos seres que por nueve meses fueron uno solo.

Su papá, un liberal empedernido, lo crio como pudo. Nunca dejó de lado esa enseñanza de la lectura o las buenas costumbres. Fue él quien lo guio por el camino de la política, aunque con el tiempo aprendió que no le gustaba la política partidaria.

Fue hasta cuando creó el movimiento 5 de Julio dentro del Partido Libertad y Refundación (Libre) que su perspectiva sobre la política partidaria comenzó a cambiar. Para 2016 ya era precandidato presidencial, de los pocos que proponen y cuestionan.

Más de 30 años de formación académica

Nelson Ávila tuvo una infancia y juventud con muchas limitantes económicas que, de una u otra manera, influyeron en su vida, pero no en su formación académica.

Estudió en instituciones públicas, al menos hasta que pudo pagar una universidad privada. Su primaria, por ejemplo, la cursó en la escuela Lempira de Comayagüela, cerca del barrio donde vivió casi toda su juventud, mientras que en la secundaria estuvo en el Instituto Central Vicente Cáceres.

Sus primeras dos licenciaturas fueron producto de años de esfuerzo en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), donde de forma simultánea se graduó de Contaduría Pública y Economía. Posteriormente estudió en la Universidad de París VIII en Francia.

Siempre fue un joven aplicado y astuto con los números, lo que -además de excelentes calificaciones- le permitió ganar un dinero extra desde los 12 años.

“Yo identificaba a mis compañeros que llevaban retrasada matemáticas y les daba clase, me pagaban 10 lempiras al mes. De esa manera si le daba clases a cinco, tenía 50 lempiras al mes, lo que me permitía comprarme mis tenis”, comentó entre risas, al recordar que “malgastaba” su dinero comprándose unos Converse.

“El 80% de mis ingresos mensual se iban en eso”, recalcó de forma cómica, pues en su casa la situación económica los orillaba -a él y a su padre- a vivir limitados.

En su casa nunca faltó la comida ni lo necesario para que él y sus hermanos estudiaran, al menos no hasta 1969, cuando su papá falleció. En ese momento él se convirtió en el proveedor del hogar. Decidió buscar un empleo que, además de generar ingresos, le permitiera estudiar.

Tenía apenas 17 años cuando se convirtió en un trabajador que estudiaba, pero con eso logró que sus hermanos también fueran universitarios. “Yo creo que la educación es el motor del desarrollo, por eso yo creo firmemente en la educación pública”, enfatizó.

Ese pensamiento lo llevó a pasar más de 30 años de su vida en constante formación académica, incluso fuera de Honduras.

El peso de su hoja de vida le ha abierto puertas con organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Universidad de Paris VIII y la UNAH, entre otros.

Curiosamente, la mayoría de sus empleos han sido con organizaciones internacionales y no en Honduras, pues aseguró que en este país siempre le han hecho fraude, refiriéndose a los puestos laborales a los que aplicó y no ganó pese a sus estudios.

Nelson Ávila habla cinco idiomas: francés, inglés, castellano, portugués e italiano; ha escrito cuatro libros y ha viajado como conferencista a cuatro de los cinco continentes.

Solo duerme tres o cuatro horas diarias, usualmente es una persona activa en las redes sociales y disfruta estar informado.

Tiene tres hijas, a quienes les ha dado amor, educación y les ha enseñado idiomas, pero se cuestiona que no les dedica mucho tiempo.

Aunque le gustan los números, siente la misma pasión por la música clásica, que la catalogó como su profesión idónea. “Yo no estaba dotado para la música, a pesar de que mi abuelo era profesor de música”, mencionó.

En ese momento una persona que salía del café se acercó y se despidió como si lo conociera de toda la vida, él quizá no se dio cuenta de quién se trataba porque la mascarilla que usaba cubría la mistad de su rostro. “Estamos con usted”, le gritó, mientras salía por la puerta.

¿Por qué meterse a política?

De niños pensamos que la elección del gobierno estudiantil no servirá de nada, pero realmente ese proceso es una muestra pequeña de lo que ocurre en comicios de gran magnitud como el que se realizará el próximo 14 de marzo en Honduras.

Nelson Ávila lo entendió desde que estaba en la escuela, cuando fue electo presidente de curso. En la UNAH ya tenía la suficiente experiencia como dirigente estudiantil y presidente de la asociación de estudiantes de su carrera.

Su transición en la UNAH estuvo marcada por violentas protestas, exigencias del cese de la guerra en Vietnam y los golpes militares en Honduras.

Se trató de una época considerada oscura, donde a sus 30 años le tocó perder a varios de sus amigos a manos de “escuadrones de la muerte”. “Luchaban por una sociedad democrática, donde el pueblo se expresara y se respetase el derecho de votar”, dijo, sobre el legado que dejaron en él y decenas de personas que sobrevivieron a la época de los 80.

“En la universidad, cuando era profesor, me invitaron a abandonar el país… Yo estuve en el exilio cinco años (1983-1988). Estuve primero en México y después en Francia; yo aproveché para terminar mi doctorado en Francia”, comentó.

En ese país europeo conquistó cuatro títulos universitarios: una maestría, el doctorado y dos postdoctorados. También asumió la dirección del Instituto de Economía para América Latina, en una elección que ganó ante personas que tenían más de 10 años de experiencia.

En Honduras concursó por la vicerrectoría, rectoría (en 1988), a dos decanaturas y otros puestos que, por “fraude”, nunca ganó.

-¿Cree usted realmente en la democracia?

—Creo en la democracia, pero no en la democracia de Honduras. Es un sueño, pero tenemos que forjarlo

-Pero, ¿cómo es posible dudar de la democracia y participar en un proceso electoral?

—Porque un poquito mayor entendí que a la gente no se le escucha si no es parte de una institución política.

Sus respuestas parecían estar bien fundamentadas, especialmente porque desde el golpe de Estado en 2009 Nelson Ávila fue de los que organizaron el Partido Libertad y Refundación e, incluso, el movimiento 5 de julio fue de los primeros constituidos.

Con esa corriente lanzó su precandidatura en 2016 y por segunda ocasión a finales de 2020.

La trayectoria política de Nelson Ávila es amplia, pero al hablar de su paso por la política partidaria sus inicios se remontan a 12 años atrás, cuando -después de toda una vida de estudios- pensó que podía marcar la diferencia en un país donde todo está "amañado" y donde es más fácil un fraude que conseguir un puesto por méritos académicos.