Como si ya no tuviéramos suficientes problemas hasta para perder la paciencia: violencia delictiva en sus más diversas formas e impunidad absoluta para los perpetradores, escándalos de corrupción, golpes a los intereses del pueblo por doquier y la completa inacción por parte de los tres poderes del Estado; ayer fueron los empresarios del transporte urbano de la capital quienes nos recordaron, de forma ríspida, el desorden, la falta de autoridad, el permanente irrespeto a la ley, en que sobrevivimos los hondureños.
Y es que nadie tiene derecho a paralizar una ciudad, como ocurrió ayer en Tegucigalpa y Comayagüela, ocasionando graves daños económicos, sociales y hasta psicológicos a una población que es víctima a diario de todo tipo de delincuentes y de grupos de presión que creen que su derecho a la protesta está por encima del derecho de los demás.
Pero en el caso de los empresarios del transporte, ni siquiera tienen una justificación moral para protestar ya que más bien son un grupo privilegiado que con la complicidad de las autoridades de Transporte acaban de dar un zarpazo al pueblo al incrementar en más de un trescientos por ciento la tarifa urbana al introducir el “servicio ejecutivo” y eliminar la mayoría de las unidades subsidiadas que cobran cuatro lempiras.
Y no es que de esta forma solo han obligado a los usuarios a pagar los diez lempiras que cobraban al inicio, sino que en menos de un año ya le incrementaron a 11 lempiras.
La otra excusa: el nuevo sistema de transporte urbano que planea introducir la alcaldía capitalina, que inicialmente apenas cubrirá de la colonia Kennedy al estadio Nacional, tampoco es válida, ya que ellos no tienen ningún derecho a oponerse a que se mejore el transporte público en las ciudades gemelas para comodidad y seguridad de los usuarios.
Como el resto de los actos delictivos, daños y violaciones a los derechos demás, el abuso de los empresarios del transporte tiene su base en la impunidad que impera en el país. Si se les dedujeran responsabilidades por todos los daños causados por haber paralizado la capital –incluyendo los perjuicios económicos, por supuesto–, estos señores lo pensarían muy bien antes cometer semejante abuso.