Una disputa trilateral, hasta ahora limitada al ámbito diplomático, enfrenta a Taiwán, China continental y Japón sobre la soberanía de los islotes Tiaoyutai, pequeños en extensión, pero con abundante riqueza pesquera y posiblemente yacimientos petrolíferos y gasíferos submarinos.
Cada una de las tres naciones asiáticas reclama para sí la posesión de ese pequeño territorio insular, estratégicamente ubicado ya que forma parte del arco que se extiende desde la isla de Sajalin en el norte hasta el archipiélago indonesio en el sur.
Para evitar un agravamiento de las actuales tensiones, el presidente de Taiwán, Ma Ying-jeou, ha recientemente propuesto la Iniciativa de Paz en el Mar de China Oriental a efecto de reducir las tensiones e impedir que ocurra una escalada que podría desembocar en un enfrentamiento armado. Recuérdese que las fuerzas armadas chinas continentales están en vías de expansión y modernización, incluyendo a su flota, y hacen sentir su presencia más allá de sus límites territoriales y marítimos, lo que ha provocado roces con Filipinas y Vietnam sobre la posesión de las islas Spratly.
La propuesta taiwanesa se orienta al aplazamiento indefinido de las controversias y la resolución de disputas de forma pacífica, buscando tanto la distensión como la cooperación en la explotación y desarrollo de los recursos existentes en el mar de China Oriental.
Este conflicto conlleva una doble carga: la memoria histórica china, al igual que la coreana, no olvida las atrocidades y humillaciones perpetradas por el Ejército Imperial nipón durante la invasión y ocupación militar de esas dos naciones, hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial; y una fuerte carga nacionalista, traducida en el respectivo orgullo patriótico por los logros alcanzados en diversas áreas: industria, tecnología, ciencia, cultura.
Hasta ahora, cada uno de estos tres países mantiene posiciones irreductibles; empero, es de esperar que la iniciativa del mandatario Ma encuentre receptividad en sus vecinos.
Dos opciones pacíficas se vislumbran en esta controversia: aceptar negociar entre ellas, sin interferencias por parte de naciones no asiáticas, lo que complicaría cualquier intento de arreglo pacífico al introducir un actor extracontinental; o bien someter a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia sus respectivas posiciones y argumentos, teniendo en cuenta que el fallo de este alto tribunal es inapelable y de obligatorio cumplimiento.
La proverbial paciencia y visión de largo plazo de Taiwán, China continental y Japón debe prevalecer sobre acciones cortoplacistas que pueden inducir a adoptar posiciones atentatorias contra la seguridad y paz de esa vital zona, una de las más transitadas vías acuáticas del mundo, por donde transita un creciente volumen de mercancías y materias primas, tanto en el comercio de cabotaje como en el ultramarino.