Opinión

“Ustedes, no teman; porque yo sé que buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, tal como Él dijo. Vengan, vean el lugar donde estaba puesto. Vayan pronto, y digan a sus discípulos que Él ha resucitado de entre los muertos; y Él va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán. Miren, se los he dicho”. Eso fue lo que les dijo un ángel a la Virgen María y a María Magdalena que el domingo montaban guardia frente al sepulcro donde había sido depositado el cuerpo de Jesús.

Lo que muy pocos creían fuera posible se había hecho realidad. Jesús tuvo que aparecérseles varias veces a sus discípulos e incluso uno de ellos, Tomás, pidió revisar la herida que en el costado le había hecho un militar romano para confirmar y creer que realmente se trataba del mismo que había sido crucificado en el Gólgota.

En la vida terrenal de las personas ya se ha demostrado que el “nacer de nuevo” es posible, siempre y cuando exista la voluntad, la disposición al sacrificio y de enmendar que se anide en quien se lo propone.

Pero también ese resurgir de entre los escombros es posible en las sociedades, en las comunidades, en los países, incluso en aquellos que viven situaciones tan difíciles como el nuestro.

Claro en la vida material, la posibilidad de resucitar depende mucho de la capacidad integral de los diferentes órganos del cuerpo implicados en el proceso, pero también de los recursos con que cuenta para lograrlo.

Y en el caso de Honduras, no hay duda de que cuenta con los recursos necesarios para revertir la situación de deterioro económico, social y moral en que se encuentra, como lo demuestra el hecho incuestionable de que si hubiéramos utilizado sabiamente nuestros bienes colectivos, como el agua, la tierra y la capacidad humana, no nos encontraríamos en la crisis que hoy sufrimos.

Es así que, como lo hiciera el Hijo del Carpintero, hace más de dos mil años, que resucitó de entre los muertos, pese a la incredulidad incluso de sus discípulos, Honduras también puede resurgir de entre la crisis que nos han dejado los pésimos gobiernos que hemos tenido, nuestra incapacidad para elegir mejores y un mal desempeño individual y colectivo.