Opinión

Oficio de medianoche

A pesar de las tragedias a Honduras le ha llovido poesía en años recientes: fuera nostálgica o crítica contribuyó a alzar el alma de las gentes a escalas de dignidad, terapia urgente en el país.

Óscar Amaya Armijo piensa que aunque del “mar de piedra que es esta ciudad” emane “plebe de alaridos”, también nos convoca a llevar “la fe a bañar al río / refresquémosle el ánimo” (Perfil del Vacío, ISBN 99926-40-26-X). Yolani Martínez (Este sol que respiro, ISBN-978-99926-56-67-9) vibra dentro de esa misma nota de esperanzada ansiedad.

De allí uno puede seguir el valioso tránsito de plumas maduras hasta, entre otros, Marco Antonio Madrid (La secreta voz de las Aguas, ISBN-978-99926-46-92-2), en cuyos versos concentra una memoria tan densa de naturaleza y de preocupaciones metafísicas que prácticamente las personifica.

De ahí que use a la lluvia y el mar, al río de Heráclito, la arcilla y el sueño como símbolos perfectamente acordados de un discurrir poético, el suyo, que va más allá de la vivencia personal y que inscribe a las interrogantes del universo.

Galel Cárdenas, en cambio, aporta en “Relámpago que se Derrama” (2011) respuestas audaces fundidas desde el pálpito social inmediato.

En la caudal de esta obra navegan principios emblemáticos que inspiraron a artistas y arrastraron pueblos, y a los que canta con tal desenfado que evade a lo cursi y al panfleto: “señora de la libertad / virgen de las igualdades”…

Estética política, obvio, pero a la que el autor impone céntrico equilibrio ya que no son Zola ni Maiakovski, Sosa o Neruda sino el eterno afán humano por tallar la verdad, su verdad. La tercia parte del volumen es pura y cálida madurez, con exquisita resonancia épica en el canto “Oda a Morazán maisahana, hombre que nos ha parido”.

De varia materia son otras producciones del período. La exigente académica Helen Umaña toma la delantera al componer un tomo antológico original, “La garra catracha. Literatura y fútbol” (2010), que copila artículos relacionados con la materia, desde el mítico Popol Vuh (“sus cueros, anillos, sus guantes, la corona y la máscara, que eran adornos de Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú”) hasta modernos textos de Laínez, Bähr, Armando García y Jorge Medina, Callejas (pero Daniel), Octavio Sánchez, Villeda Arita, Ángela Valle, Ánderson (el único), más memorias de

Abraham Bueso Arias, Murillo Selva, Wilfredo Mayorga, Indiano y futurismos de Proskuriakoff, Kapuscinski, Dalton y Eduardo Galeano. El libro sale invicto tras la soberana goleada emotiva que propina al lector.

Del trujillano Omar “Wallis” Pinto ––que aunque no es religioso cree a veces en las vírgenes–– son 51 caricaturas contenidas en “De golpe” (ISBN-978-99926-56-31-0), compendio de fuertes trazos destinados a sacudir conciencias y retratar lo grosero y grotesco -aunque igual lo heroico- protagonizado por disímiles figuras tras la rotura del velo constitucional.

La modestia y humildad características de Pinto no impiden confirmarlo como un artista de grande pasión.

Orlando Tinoco Méndez se fue similarmente por lo visual, pero de rótulos comerciales, a los que integra con una historia-drama-fábula de variado logro (Mercadeo Catracho, ISBN-978-99926-92-37-0).

Su captación fotográfica de anuncios y avisos de establecimientos es, por lo opuesto, excepcional, nada semejante ha sido publicado en Honduras, y menos con tal potencial para uso de lectores, publicistas, mercadólogos y psicólogos sociales gustadores del humor, la picardía, barbaridades ortográficas, malicia y originalidad. Doscientas páginas de verificada información y de risa y contento.

Concluyo tintineando la atención sobre “Cuentos breves y distantes” (ISBN-978-99926-56-65-5) de José Adán Castelar, Maestro a quien tanto alabo los méritos que reconfirmo hoy, así como de J. Martínez Mejía, a quien recomiendo, mientras la concluyo, por una espeluznante (severamente real) novela (El mundo es un puñado de Polvo, ISBN-978-99926-47-05-9), que es tapiz de violencia presente, no literaria, personajes de bólido aparecer en el firmamento humano hondureño, bosque de gritos y soledad, como nosotros...

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