Lobo despotrica contra sus ministros nacionalistas atribuyéndoles sus fracasos. Liberales y resistentes son los buenos.
Él los escogió y es el único responsable del desastre gubernamental. A los politiqueros no los inmuta el insulto del que los corresponsabiliza de su ingobernabilidad. Vergonzoso silencio de ofensiva indignidad es el hambre de los hombres del Presidente.
De nuevo arremete como lo ha hecho muchas veces contra la CSJ porque no le parece como actúan los magistrados inmiscuyéndose en su quehacer y ofendiendo su profesionalismo y estos soportan la andana del profano sin llamarlo al orden.
¿Y el estado de derecho con la independencia de poderes que garantiza la democracia? Lobo es clon de Zelaya. Los mismos errores con igual irrespeto, como si trataran con peones de sus fincas olanchanas.
Y como nos sobra el dinero para botarlo proponen una consulta popular porque aquí el pueblo, soberano le decía “Mel”, manda, sin importar lo legal que debe contenernos como país civilizado. No aprendimos nada de nefasto gobierno de Zelaya cuando todo era al pencazo y por eso le dieron el frenazo.
Si legislaran con apego irrestricto a la ley no cometerían yerros y se evitaría la inconstitucionalidad que ahora los enfrenta en un palenque donde Lobo se siente gallo cacareado por ministros como Ham, desbocado agresivo, que pide se revoquen los siete años de los magistrados para que no sigan “dañando al pueblo”, Madrid, que boga por el que lo tiene abonado y no como abogado; Álvarez, el inequívoco que todo sabe, puede y revuelve, y el de Seguridad carreta de resonancia tardía.
Preguntar si los magistrados están con los delincuentes, los victimarios o con los honrados y las víctimas es temerario, grotesco y ofensivo, inimaginable en un estado de derecho.
Lobo está muy distante de ser estadista. No tiene ni la más peregrina idea de su significado, por eso la desfigura con sus antojadizas acometidas pueblerinas.
Es lamentable su desesperación de hacer en las postrimerías de su fracasada administración lo que no pudo en tres años de prometer sin cumplir ninguno de sus compromisos de campaña, de toma de posesión y tantos augurios que hizo sin sustento ni talento.
Entiendo que entiende que el tiempo se le fue en vanas y ociosas palabras que ya no engañan puesto que hemos comprobado que se mantiene la criminalidad, delincuencia, desempleo, insalubridad, corrupción incontenible y pésima educación como legado de este gobierno a la improductividad y subdesarrollo sostenido que no podemos superar por los gobiernos que hemos sufrido, cuya sumatoria de ineptitud pagamos con creces por elegir gobernantes que no saben de austeridad y abusan de los bienes públicos.
Estamos insolventes, no por la “crisis mundial” que repite como excusa la marioneta presidencial para explicar sin justificar la incapacidad administrativa, sino por el desbarajuste fiscal de un malgasto corriente exorbitante más la burocracia creciente sin arte ni oficio con sueldos, bonos, ayudas, viáticos y la desidia, injusticia, avaricia, hipocresía y la corrupción impune, en tanto los empleados públicos se agolpan en el muro de los lamentos de casa de gobierno suplicando por sus salarios ya en deuda, a un hombre que responsabilizar a otros y no aceptar su culpa. Ese es el problema de Lobo.