Editorial

Un 2019 esperanzador

Llega un nuevo año y con ello los hondureños renuevan sus esperanzas de que este nuevo ciclo de la vida sea mejor del que se fue. La esperanza es lo último que se pierde, dice el dicho popular, y grande es la esperanza con la que se espera, por ejemplo, que en este 2019 quienes se consideran líderes políticos depongan sus intereses personales y piensen en el país (aunque sea por única vez) y se sienten a negociar la crisis en la que nos tienen envueltos desde hace años; que la lucha contra la corrupción y los corruptos se fortalezca y se les aplique la ley a todos por igual, es decir, que la serpiente de la justicia ya no solo se aplique a los descalzos.

Que se genere empleo y mayores oportunidades de emprendimientos propios, que la gran empresa se fortalezca y cree plazas laborales de calidad que demanda la población, principalmente los jóvenes que egresan de las escuelas técnicas y las universidades con el propósito de poner en práctica sus conocimientos y con ello colaborar con el desarrollo de Honduras, y que esas oportunidades hagan desistir a más hondureños de iniciar el cruel camino de la migración hacia otros países, principalmente Estados Unidos, donde no están siendo bienvenidos.

Que por fin se establezca una política de seguridad ciudadana que permita a los hondureños salir de sus casas sin el temor de que en la calle serán víctimas de la delincuencia, que los hospitales y el IHSS tengan los presupuestos y se mejoren los pésimos servicios que se han venido prestando hasta ahora, que los dineros presupuestados para préstamos para activar el agro lleguen a quienes realmente los necesitan y no a las bolsas de los buitres que están a la vigiona de esos fondos, y que las escuelas, colegios y universidades cuenten con las plazas necesarias para atender a los millones de niños y jóvenes que demandan un cupo en esos centros educativos, y que esa educación sea de calidad, para lo que es necesario, que se mejoren las condiciones de trabajo del gremio magisterial. En fin, la lista de deseos es interminable, y el que se concreten está en manos de todos y cada uno de los hondureños y hondureñas, pero principalmente de su clase política. Ojalá y tengan oídos para escuchar este clamor popular. ¡Felicidades en el 2019!