Editorial

Navidad y muerte en las carreteras

La celebración de la Navidad pasó a ser una fecha de duelo para los familiares de al menos 11 personas que perecieron en una veintena de accidentes de tránsito que ocurrieron en la víspera y durante el 24 de diciembre.

La imprudencia, temeridad e irresponsabilidad hicieron una combinación mortal con las condiciones del clima y el mal estado de las carreteras, dejando víctimas inocentes como una bebé de cuatro meses que murió en el accidente en la carretera a Tela. Los accidentes de tránsito son la segunda causa de muerte violenta en nuestro país, con una tasa de 17.4 por cada 100 mil habitantes, según la OMS, después de los homicidios, con 59.

Lamentablemente muchos conductores no respetan las normas de seguridad y muestran total falta de sentido común, lo que termina en tragedias que son evitables.

Según un informe de 2015 de la OMS, mueren anualmente 1.25 millones de personas en accidentes viales, pero el 90 por ciento de esas defunciones ocurren en países de ingresos bajos o medianos, que tienen solo 54 por ciento de la totalidad de vehículos. Aunque se ha ido estabilizando el número de muertes por esta causa, comparado con la cantidad de automotores y el crecimiento de la población, lo cierto es que, como señala la OMS, los accidentes de tránsito se siguen cobrando “un número inaceptable de víctimas”.

Los países que han logrado reducir las muertes por accidentes viales lo han conseguido con mejoras en su legislación y su aplicación, y con el fortalecimiento de la seguridad en las carreteras y los vehículos.

Aunque los hondureños pagan el segundo impuesto vial más alto de Centroamérica, más el cobro de peajes, la inversión en estos recursos no se ve reflejada en las carreteras. Esto, más la falta de controles para hacer cumplir la ley y la inconsciencia de los conductores, da como resultado fatales accidentes en los que han perecido más de 700 personas en el año que se va, según datos de Tránsito. No podemos menos que hacer un llamado para que la prudencia guíe a los conductores que cuando están al volante no solo son responsables de su vida, sino también de la de sus acompañantes y de aquellas personas que se cruzan en su camino.