¿Y ahora?... las tensiones del 2025

El mundo no se detiene y tampoco tiene momentos de respiro. Se inicia el nuevo año y principian las tensiones, sin que los avances tecnológicos traigan consigo la deseada paz y tranquilidad entre la humanidad

“Feliz Año Nuevo”. Esa es la frase más escuchada en el cierre del Año Viejo y la llegada del Año Nuevo (2025). Sin embargo, aunque las oportunidades individuales siempre llegan, la humanidad sigue empeñada en la confrontación y no son pocos los augurios de que lo que está por venir no es tan promisorio como todos deseamos.

Muchos creen que las guerras terminarán con la llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos, pero lo que ocurre en torno a Ucrania parece ser más complejo que la sola voluntad de quien será el nuevo inquilino de la Casa Blanca y no son pocos los expertos que señalan que lo qué está por venir depende más de Putin y sus intereses, que del que pronto será magnate-presidente.

Por otro lado, la situación en Oriente Medioes demasiado compleja, aunque hay que reconocer que tras la caída de Al Assad –que llegó antes del cambio de gobierno en EEUU– sí es un ingrediente que puede contribuir a que la escalada bélica se contenga, pero detrás del telón que todos vemos, las tensiones continuarán.

Tal vez, lo más importante para crear o no estabilidad global, ocurra en la relación entre Trump y sus “aliados” europeos, pues no se olvida que en su anterior administración las relaciones con los miembros de la OTAN fueron más tensas que las que tienen tradicionalmente los “amigos”. Esta vez parece que no será muy diferente.

Y mientras, aquí en América, el escenario no luce del todo lleno de beneplácitos. Por el contrario, persisten focos de tensión muy graves que, en cualquier momento, podría activar crisis locales o internacionales.

El primero, está apenas a unos días de producirse. En Venezuela está programada la jura presidencial de Nicolás Maduro el 10 de enero. Ese día puede consumarse el descarado fraude electoral que se dio el año pasado, cuando el opositor Edmundo González ganó en las urnas con un margen amplio y fue despojado de su victoria burdamente.

La oposición, encabezada por María Corina Machado, y no González –quien salió al exilio, aunque ahora dice que volverá–, ha convocado a llevar a cabo protestas populares y realizar un último esfuerzo para poner “punto final” al chavismo, algo que no parece tan fácil como las palabras de la valiente líder venezolana.

Maduro, un hábil operador en medio del caos, anticipa que quienes provocarán la violencia son sus opositores, con lo que anticipa que si los venezolanos salen masivamente a las calles como pretende Machado, veremos una represión brutal, justificada con la “defensa” del sistema constitucional, en un país en donde la única ley que impera es la que manda el dictador.

Otra vez, los ojos del mundo verán hacia la Casa Blanca, para ver lo que Trump hará para defender los principios democráticos en la sufrida nación sudamericana. Sin duda, ese será un gran desafío geopolítico para el nuevo presidente estadounidense.

Casi de manera paralela veremos otra situación que afectará a muchos países en la región. La anunciada deportación masiva de cerca de 11 millones de hispanos indocumentados en Estados Unidos anticipa tensiones con varios países de la región y problemas socioeconómicos para los mismos. Ya la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, hizo, a manera de “recordatorio” para Trump, declaraciones en las que manifestó que podrían cerrar la base militar estadounidense que hay en el territorio de su país si se procede contra los migrantes indocumentados como lo ha anunciado el futuro presidente republicano.

El tema migratorio también es sensible para países como México, Guatemala, República Dominicana y El Salvador –entre otros–, cuyas economías reciben una fuerte inyección en remesas familiares, importantes para la estabilidad socioeconómica. Se espera que Donald Trump aplique “mano dura”, contra los indocumentados, toda vez que fue uno de sus “caballos de batalla” para ganar las elecciones en noviembre anterior.

Por otro lado, la democracia latinoamericana se verá a prueba nuevamente en el 2025, cuando cuatro países –Ecuador, Bolivia, Chile y Honduras– tengan elecciones generales. Los procesos electorales en Ecuador y Bolivia se anticipan críticos, tomando en cuenta las tensiones políticas que ambos países han vivido en los últimos meses y años.

Tal vez las de Bolivia resulten ser las más tensas, pues el expresidente Evo Morales pretende ser candidato presidencial a toda costa, a pesar de los impedimentos legales e incluso la oposición que proviene de algunos sectores de su propio partido político.

El escenario del mundo no es halagüeño, como tampoco lo es, en particular, el de Latinoamérica. La economía puede crecer, la tecnología avanzar, pero finalmente serán las decisiones de los hombres –líderes democráticos o dictadores– las que marcarán el rumbo que se tome el nuevo año 2025.

¿Feliz? ¿Prometedor? ¿Triste?¿Destructivo?... pronto lo sabremos.

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