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Transparencia política y fobia social del político

A las personas hoy en día se comunican y se identifican con causas y emociones. Un partido político debe atender lo que la gente piensa, debe comunicarse e identificarse con causas y emociones comunes de la gente como un proceso recíproco.

Los partidos políticos al igual que cualquier empresa o institución poseen roles, actividades, historia, valores y principios, y no importando su tamaño, su carácter o su fuerza, siempre se comunican y, consecuentemente, transmiten una imagen a los electores.

Con mayor atención, los partidos políticos deben invertir tiempo, recursos y talentos en procurar que la imagen que proyectan logre una conexión con la gente.

Tal como lo dice el experto en imagen corporativa Joan Costa, profesor, investigador y comunicólogo internacional, “debemos poner el acento en el carácter especialmente cualitativo de las comunicaciones (no se trata de comunicar más, sino mejor) y lo mismo para la imagen”.

El mejor recurso para generar una imagen adecuada ante el elector es comunicar y no solo informar. La retroalimentación que se pueda obtener de quienes los perciben o a quienes se dirigen es el nutriente más valioso para alimentar a los partidos políticos de datos que les permita tener una mejor comunicación y, por ende, una mejor imagen.

En ese sentido, lograrán mayor conexión con los electores indecisos y que no tienen afiliación política si se identifican con su causa de que haya más transparencia y fiscalización en los partidos políticos, y si en sus planillas se inhabilitan o expulsan a candidatos de elección popular con dudosa reputación y honestidad.

Esta tendencia a la transparencia y a la fiscalización de los partidos políticos son las nuevas causas y emociones de los votantes y estarán siendo promovidas por un gran número de entidades y colectivos de la sociedad civil que culminará exhibiendo a todos los candidatos y candidatas que no rindan cuentas.

Con ciudadanos vigilantes de la transparencia y fiscalización de los partidos políticos se crean fobias sociales para los políticos que no rinden cuentas, les genera miedo exponerse ante el público sabiendo que son corruptos o que el gasto de sus campañas no es limpio.

La fobia social de un político es tenerle miedo al público elector. Ser un político que no apoya la transparencia y la fiscalización representa un riesgo potencialmente peligroso para la supervivencia de una candidatura, incapacita a la persona hacer una campaña exitosa y significa un “suicidio político”.