Columnistas

Mis 75 años antes del olvido

No hay duda de que el tiempo es inexorable, inflexible, severo, intolerante, hasta brutal y cruel, déspota y tirano. Los años pasan y pesan, y dependiendo cómo nos vaya en esta feria que llamamos vida y donde fuimos entrando con la severidad o inercia del ambiente familiar en el que crecimos y nos forjó. Lecciones de hogar.

La primaria la cursé en la Escuela Centro América, Logia Masónica, de mi viejo Barrio Abajo. Recuerdo agradecido a las profesoras y profesores que se esmeraban para que aprendiéramos con gusto y rigor. La secundaria en el Instituto Central, por sus catedráticos en diferentes disciplinas y por nuestra juventud inquieta y ávida del saber, también es un período de mi vida inolvidable.

Jóvenes de diferentes lugares del país hicimos una comunidad escolar fuerte y respetada. A sus directores, inspectores, profesores y consejeros, mi reconocimiento que es imborrable en mi memoria. Los buenos compañeros y amigos -separados ya por las circunstancias- siguen teniendo un seguro lugar en mi alforja de recuerdos, donde guardo tantos momentos que repetidos ahora hacen más alegres y vivientes mis reflexivos años.

La amistad no se gasta a menos que la abuses, de ella aprendí que aunque hoy nos separe la distancia, debemos rememorar siempre al amigo o a la amiga que en algún momento nos consoló, nos hospedó, nos animó, nos amó. Los años nos hacen prudentes, sinceros, humildes. Pedimos perdón y perdonamos, generosos para dar no para recibir.

Damos tiempo, afecto, y nuestras oraciones. Gracias a los amigos que nos toleramos. Especial para Evaristo López Rojas, porque 50 años no son nada cuando hay amistad y hermandad.

Mi padre, médico y cirujano, fue mi orgullosa inspiración, seguí sus pasos, graduándome en México el 24 de octubre de 1972. Posteriormente me especialicé en Ginecología y Obstetricia en el IMSS, así que tengo para México especial reconocimiento por haberme dado hospitalidad y ciencia.

Trabajé muchos años en el Hospital Materno Infantil y Hospital Escuela, fui desde médico de base, ocupando todas las jefaturas médicas hasta llegar a director general, siendo destituido dos veces por denunciar la carestía de insumos y la abundante corrupción en el gobierno liberal de Reina y en el nacionalista de Maduro, comprobando mi teoría de que no importa el color de la corrupción.

Mi vida profesional la dediqué al ejercicio privado atendiendo con dedicación y amor a miles de mujeres que confiaron en que puse el conocimiento y habilidad que Dios me dio para ejercer mi apostolado. Hice actividad gremial nacional y latinoamericana participando en congresos y reuniones científicas. Soy un apasionado de mi especialidad dedicada a la mujer con la maravilla de ver nacer un niño sano.

Debo mucho conocimiento y novedad a mi sobrino, Dr. Jesús Octavio Vallecillo, quien me enorgullece por su sabiduría y pasión.

Oficio que haré hasta que mis facultades lo permitan y Dios me acompañe en esta misión de amor a la que me entregué por completo, por lo que pido perdón y compresión a mis cinco hijos por el tiempo que no les dediqué y a cambio me hacen sentir un padre más que correspondido.

A Myriam Patricia, cuyos detalles de amor la hacen mi compañera inseparable. Mis padres y hermana son el beso que me hace falta y de mi hermano, el recuerdo de un ayer sin retorno. Mis buenos amigos y colegas hicieron mi vida hermosa. Si fallé, perdón.

Gracias a todos. Ratifico mi amistad celebrando mis 75 años antes de que me llegue el olvido.