Columnistas

Liderazgo y reconstrucción

Que Honduras haya atravesado por seis eventos naturales y sociales de graves consecuencias en poco más de dos décadas es razón suficiente para que los estudiosos, tanto nacionales como extranjeros, centren su atención en este país ubicado en una posición privilegiada en el continente, cuya historia derrama luz
y sombra.

Primero fue el huracán Mitch (1998), que según informes de las Naciones Unidas (ONU) ha sido el peor desastre natural en América Latina en los últimos 200 años, dejando un saldo de muerte, destrucción y desolación solo comparable con una guerra devastadora. Según datos oficiales el número de muertes fue de 5,657, y unos 8,058 desaparecidos, más 1.5 millones
de damnificados.

Frescos estaban en la memoria los efectos dolorosos provocados por el meteoro en cuestión, cuando un grupo de políticos ambiciosos provocaron una situación de crisis que terminó con un golpe de Estado en 2009, ese acontecimiento provocó muertes, exilio, aislamiento diplomático, mayor debilitamiento institucional y retraso en el aparato productivo; luego tenemos las elecciones fraudulentas del 2017, este proceso electoral consolidó la tendencia hacia el desmoronamiento de las instituciones; aprobando leyes que sentaron las bases para la profundización de la corrupción, narcoactividad, inseguridad
e impunidad.

Lo señalado, como si fuese una acción programada por fuerzas del mal, había creado las condiciones para profundizar los daños que casi simultáneamente nos llegarían después. Así, llegó el covid-19, bajo un sistema sanitario deficiente, dirigido por un equipo de neófitos, sin recursos para atender las necesidades que se iban presentando, y cuando se contó con dinero para la adquisición de hospitales, se invirtió en unidades que no terminan de llegar al destino final,
los enfermos.

Mientras eso ocurría, se seguían talando árboles en las montañas, sembrando en las laderas, los ríos se convertían en fuentes de material de construcción y los agricultores abriéndoles salidas para regadíos. Todas las fuentes de agua se convirtieron en botaderos de basura y las obras de infraestructura que se habían venido construyendo como puentes, bordos de contención y carreteras, construidos con material movedizo que en los primeros aguaceros se vinieron abajo.

Cada vez que se vive una crisis, los gobiernos conforman una comisión o elaboran un documento estableciendo las bases para la recuperación. En esta ocasión se ha respondido de igual forma, el gobierno ha creado el Consejo Consultivo para la Reconstrucción con un grupo de ciudadanos que de la noche a la mañana se han convertido en profetas del desarrollo.

Desconociendo que ninguna obra humana puede construirse en una sociedad donde sus líderes han perdido confianza. Pocos son los que creen que el presidente de la nación, Juan Orlando Hernández, va a encabezar un programa de reconstrucción del país.

Lo que se ha venido experimentando en la cúpula del poder, antes y después de los efectos provocados por el covid-19 y los huracanes, demuestra que algo falta o algo sobra en la administración de la nación