Honduras está sufriendo los efectos simultáneos de varias pandemias, que desafortunadamente vendrán a profundizar los problemas seculares que han caracterizado al país.
El Covid-19 es un virus que se ha extendido por la mayoría de los países del mundo y obviamente que Honduras no podía ser la excepción. De acuerdo con el último informe, a la fecha de este artículo, el virus se ha extendido a 51 municipios con un total de 1,010 casos y 75 muertos, para un porcentaje de mortalidad de 7.43%. El Departamento de Cortés es el más afectado con el 73% de los casos y 83% de las muertes. Según los pronósticos de los expertos, la situación en el mes de mayo se puede complicar aún más, especialmente si la población no atiende las medidas de seguridad.
La segunda pandemia es el efecto económico al que la gran mayoría de las actividades productivas ha sido sometida, como resultado de las cuarentenas ordenadas por el gobierno, para evitar la propagación del virus. El daño que esto ocasionará a la economía es hasta este momento incalculable y de acuerdo con proyecciones preliminares, el crecimiento económico del 2020 podría oscilar entre -3.5 a -5.0% del PIB. Cuánto podrán resistir los negocios, de todo tamaño, a un cierre de esta magnitud, es la incógnita que todos estamos tratando de descifrar.
En Honduras hay 4.0 millones de personas ocupadas, de las cuales 1.6 millones viven de un salario pagado por el sector privado y 2.1 millones de personas viven de sus actividades comerciales. Adicionalmente, hay 252 mil burócratas, que no tienen preocupación económica, y el resto son trabajadoras domésticas. Ya hay muchas empresas que no han podido resistir estar más de 45 días sin operar, sin generar ingresos y que han tenido que suspender su personal en algunos casos y otras a proceder a su despido. Como lo indican las cifras anteriores, el 53% de las personas ocupadas viven de sus actividades comerciales en el sector informal y, obviamente, al tener paralizadas sus ventas no tienen ingresos y paulatinamente se están quedando sin medios para subsistir. La sumatoria de desempleados del sector privado más los del sector informal que no están generando ingresos provoca escalofríos y son la antesala de una crisis social de incalculables proporciones.
La tercera pandemia se relaciona con la corrupción y la impunidad, ya que aunque resulte paradójico y difícil de creer, hay algunos malos hondureños que se están aprovechando de la emergencia para continuar con sus fechorías, alimentadas por los decretos aprobados por nuestro insigne Congreso Nacional, autorizándoles a comprar y contratar sin licitación y mediante contratación directa. Podríamos decir que dada la emergencia esto se justifica, pero deberían existir mecanismos para darle transparencia y legitimidad a todas esas negociaciones.
Y para cerrar, la cuarta pandemia surge a raíz de la acusación de la Fiscalía del Distrito Sur de New York contra el exjefe de la Policía Nacional por facilitación del tráfico de drogas y uso de la violencia, incluyendo la colaboración con el hermano del actual Presidente de la República. ¿Será posible que una persona, sin el apoyo de las altas esferas del poder político, haya cometido tales delitos, como se le acusa? ¿O será otro chivo expiatorio de esta hermandad criminal que opera en Honduras?
En nuestro próximo artículo continuaremos con estos temas