Honduras sufre las duras consecuencias de los múltiples frentes de guerra en que combate diariamente en todos los campos de la actividad nacional. Solo los torpes, obcecados, los ignorantes o los insensatos son capaces de argumentar que, por el contrario, el país sí navega con bandera de progreso, en aguas tranquilas con rumbo seguro hacia un futuro pleno de bienestar común.
En el campo económico, las empresas del Estado debilitadas, casi al borde de la quiebra, por la crónica mala administración de gerentes improvisados; de políticos irresponsables ayunos de los conocimientos mínimos requeridos para administrar empresas de ese tamaño y complejidad, pero que se han atrevido a asumir el cargo nada más porque ese fue el pedazo de pastel que les tocó en la “repartinsina politiquera” del catálogo de puestos y salarios del Estado; agregamos a lo anterior la perversa gestión de corrupción que cuando la ENEE más necesitaba de una conducción profesional idónea, creativa y honesta aprovecharon la impunidad reinante en el país para asesinar a la empresa, abriéndole las venas y saqueándola sin lástima, cortándole el oxígeno que le permitiera respirar para recobrar las energías de que, en otros tiempos, gozaba.
La ENEE fue una fuente inagotable de recursos para los gobiernos centrales, por muchísimos años cientos de miles de millones de lempiras, producto de los excedentes en sus operaciones, fueron transferidos a la Tesorería General de la República para los gastos ordinarios del Estado. Hoy, ese Estado, olvidándose de que él es el único propietario de esa empresa, se niega a asumir la responsabilidad que tendría cualquier otro propietario único de cualquier empresa mercantil, la cual es la de aportar el capital necesario para sacar a flote la institución y vigorizarla para que normalice sus operaciones; al contrario, el Estado prefirió recargar esas responsabilidades financieras sobre los hombros de los usuarios, quienes por la vía del costo exorbitante de la energía consumida asumen la tarea de reponer los daños infligidos por los benditos irresponsables. Los últimos gobiernos, aprovechando la cruel encrucijada, han utilizado la ENEE como excusa para pasar a un crónico endeudamiento que tiene cada vez más de rodillas a este pobre pueblo empobrecido.
Los saqueos en la ENEE no han sido secreto para nadie, públicas han sido las denuncias abiertas y encubiertas que han presentado, a lo largo de los años, algunos pocos funcionarios con vergüenza (que, sí los ha habido): exempleados, proveedores, contratistas y decenas de otros ciudadanos que han desnudado los desmanes de los responsables del descalabro. Pero como en Honduras todo ocurre como en una cofradía, nadie se delata, nada tiene resultados correctivos, al contrario, quien le puede “meter otro clavo al ataúd” se lo introduce sin misericordia alguna. A la ENEE nunca se le dio oportunidad de capitalizar sus excedentes para modernizarla; ocurrió como en todas las demás instituciones del Estado, como Hondutel, Seguro Social, Pani, Banadesa, etc., etc. En la creación de dichas instituciones se capitalizaron magras cantidades y, después, el Estado se olvidó de que estas eran instituciones de desarrollo con necesidades crecientes de capital.
Mis respetos para aquellos funcionarios con visión futurista que en su debido momento predijeron esta calamidad que hoy nos tiene abrumados.