Columnistas

La inseguridad nos roba nuestra libertad

Caminar por las calles sin miedo” y en determinadas horas no se puede entrar a los barrios y a ciertos municipios del país. En las actuales circunstancias, la calle, los parques y los sitios de esparcimiento han dejado de ser un espacio de encuentro para compartir experiencias, juegos como landa y la potra y las amenas conversaciones, los espacios públicos se han convertido en un lugar vacío que solamente sirve para desplazarnos, es decir del lugar de trabajo a la casa; lógicamente qué decir de los barrios y colonias donde nadie se conoce y los vecinos son virtuales sospechosos donde no se comparte.

En Honduras, muchas casas parecen fortificaciones o cárceles donde las familias tratan de refugiarse para no ser víctimas de delitos contra la vida y contra la propiedad como robos y hurtos, además, la población ha optado por encerrarse en sus viviendas con la estrategia de “Barrios Seguros” y la pregunta es, ¿de quién se encierran aislándose del resto de vecinos?

Es importante analizar la inseguridad como un problema que afecta el entramado social y nos ha hecho más miedosos, es también una oportunidad de inversión, porque al privatizar el ámbito comunitario donde las economías familiares tienen que presupuestar para que le permitan entrar a su barrio y comprar materiales para hacer los arreglos de casa.
El aislamiento urbano es un fenómeno que la población sufre, por miedo ya no frecuentamos lugares y los espacios para la vida pública y privada se han confinado a la casa, centros comerciales, clubes deportivos, entre otros, y si estos son extorsionados se reducen aún más los espacios de socialización.

Los edificios, casas, calles y áreas verdes se organizan en células independientes, aisladas y desde el punto de vista físico y psicológico, el aislamiento segrega a un número cada vez mayor de espacios para la población y por ende, su derecho a lo público.

*Directora del Observatorio de la Violencia de la UNAH