Los resultados de las elecciones internas y primarias celebradas el 14 de marzo del 2021 fueron declarados espurios por algunos candidatos y miembros de cada uno de los tres partidos políticos participantes: Libre, Nacional y Liberal.
Pero, la mayor sorpresa de impacto para sus bases la dan los voceros del Partido Libre al anunciar la constitución de la alianza con el Partido Liberal, particularmente con el movimiento de Yani Rosenthal, quien fue juzgado y condenado por la justicia de Estados Unidos por realizar lavado de activos del narcotráfico.
El partido Libre presumía de izar la bandera anticorrupción, asumiendo posiciones verticales en contra el robo al IHSS, la injusticia, la narcoactividad, la quiebra de la institucionalidad y del Estado de derecho, la violencia y opresión, el fraude electoral. De hecho fue muy participativo en las presiones que la sociedad hondureña ejerció para la instalación de la Maccih en Honduras. Hoy su posición parece haber cambiado radicalmente, al aparecer como relámpago dando un giro de 180 grados, haciendo alianzas con una persona convicta y confesa por actos ilícitos. En realidad es una tristeza, un duro golpe al rostro de estas nobles bases. Sin duda, mucho daño hará a lo interno de su instituto político tan mala decisión.
En cuanto al Partido Liberal, es sumamente incierto el panorama. Unir a su militancia será difícil con el surgimiento de las nuevas autoridades, que dejan de lado los valores que podrían haber logrado aglutinar a sus bases y a los ciudadanos independientes comprometidos con lo honesto. El pueblo necesita de esos valores morales, la honestidad.
En cuanto al Partido Nacional, de toda la comunidad nacional e internacional es conocido que el orlandismo es actualmente el Partido Nacional, allí residen, para infortunio de los nacionalistas honestos y del pueblo hondureño honrado, los actores intelectuales y materiales de la corrupción en Honduras, allí están los dueños de la industria de la corrupción que transita por los tres poderes del Estado.
Es importante, para aquellos que no lo han hecho, tomar conciencia de los efectos corrosivos de la corrupción.
La corrupción ha robado los recursos destinados al desarrollo y hecho difícil satisfacer las necesidades de alimentación, salud y educación del pueblo.
La corrupción nos ha destruido las instituciones democráticas y el Estado de derecho, ha permitido establecer un narco-Estado, validado fraudes electorales e incrementado las amenazas para la seguridad humana.
Nuestra esperanza es eliminar este obstáculo de la corrupción mediante el voto electoral, votando contra los corruptos y recobrar el bienestar del Estado de derecho, del desarrollo y progreso. Ojalá venga nueva la ley electoral que garantice que la voluntad popular sea respetada.
Hemos llegado a un punto de decisiones vitales: o nos unimos en un pacto por la honestidad o seguimos en el error de permanecer inmersos en la corrupción. Queda planteado.