Columnistas

Lo que estamos viendo consternados en La Lima, en la Reina, Protección, Santa Bárbara, y en otras comunidades no puede dejarnos indiferentes. Es una pesadilla para cualquier observador. Lo que será para quienes la viven y han perdido en cuestión de minutos, su patrimonio de toda la vida. Pensar que pudo prevenirse. Nuestros bosques son casi solo un sueño en varias partes del territorio nacional. Solo fotografías para muchos que no los conocieron. De continuar en esta actitud de indolencia hacia nuestro medio ambiente, los tomadores de decisiones nacionales y las comunidades están condenado a estas y futuras generaciones a parajes desolados y a la pobreza arraigada. Se sigue dañando el ambiente, pero a los delincuentes ambientales, ricos o pobres no les aplican la ley. Ahí están las consecuencias. La impunidad de cualquier tipo tiene los mismos resultados: más y peores delitos. Mientras no se penalice a quienes atentan contra la naturaleza, la vulnerabilidad creada por la irresponsabilidad y la falta de visión, volverá a ensañarse, por lo general en los más desprotegidos. No tenía que haber sucedido. Pero las condiciones para ver una y otra vez semejantes desgracias ambientales se mantienen, ahí y en otros sitios de nuestro país. Fue construida por el irrespeto del hombre a la naturaleza y a sus semejantes. Por la tala inmisericorde con que han sido diezmados árboles y hábitats completos y con ellos, especies ya no en peligro de extinción porque ya las extinguieron. Los que saben deben estar tomando decisiones: no es solo con bordos y puentes, hay que darle a nuestro país el manejo forestal que le es indispensable. Los programas “Frente a frente” del 2 y 3 de diciembre, moderado por Renato Álvarez, son ilustrativos de lo que debe hacerse y quiénes son los que deben estar liderando para evitar otras desgracias ambientales: los forestales. Y con el presupuesto necesario. Hay que evitar que el cataclismo de la Reina se replique en otros lados de la geografía patriaNew layer...